como los monos de gibraltar

miércoles, 24 de agosto de 2011

A qué huele la lefa?

Una mañana cualquiera, tras desayunar avena y un zumo de naranja, me dirigía al gimnasio, cuando al cruzar un parque de New Town algo me hizo detenerme en seco. Aspiré de nuevo un par de veces más para asegurarme de que mi nariz no me engañaba. Olía a lefa. Miré a mi alrededor buscando la procedencia (un calcetín? un señor extraviado? una fuente?) pero lo único que me rodeaba era árboles y setos. Fue entonces cuando tuve la regresión, ¿cómo podía haberme olvidado de los cuentos del Marques de Sade? La flor del castaño, como bien documenta el marqués, en determinadas épocas del año huele a semen. Un dato con el que en mis teens me gustaba escandalizar las sobremesas de mis padres cuando tenían visita, y que mi madre por alguna razón nunca encontró gracioso. Le ha servido hasta el día de hoy para ilustrar el hecho de que leer es malo. Sobre todo si se trata de libros del Marques de Sade.

En aquella época uno de mis temas favoritos de conversación era la lefa. Tenía un repertorio interminable de histéricas anécdotas sobre la materia. Una de mis favoritas era la de la clase de biología: se trataba del experimento con microscopio en el que analizas la muestra de la mucosa extraída con un palillo de la parte interior de la mejilla. Una compañera se ofreció voluntaria como donante para el experimento, pero al mirar la muestra de su mucosa alguien notó algo inusual, unas partículas que no debían estar ahí. El resto de compañeros del grupo se turnaron para mirar, debatiendo la posible procedencia de las moléculas alienígenas, hasta que el profesor se acercó y al mirar por el ocular lo vio claro: “Son espermatozoides”. Si la historia es o no verídica es lo que menos importa aquí, lo que importa es que me encantaba contarla, y cada vez que lo hacía añadía nuevos detalles imaginarios: que si la chica era la guarra del instituto, que si nunca se la había chupado a su novio, que si el novio estaba en clase en ese momento…

Recordé otra ocasión, un sábado por la noche de camino al bar con un grupo de amigos. En una callejuela del barrio del Carmen oscura y tranquila, nos inundó una nube espesa de olor a semen. Alguien dijo algo como “aj, qué peste”, pero nadie decía alto y claro de qué olor se trataba. Tratándose de nobles e hidalgos, mis amigos caballerosamente cedieron un incómodo silencio para que fuera yo quien revelara la verdadera naturaleza de aquella peste: “Huele a lefa”. Lo que fue gracioso porque en ese momento yo era la única chica del grupo.

Y ahí estaba yo, detenida en el parque repasando mentalmente todas estas estupendas anécdotas cuando recaí en lo inapropiado de estos temas hoy en día. Si en el descanso del trabajo le contara cualquiera de estas historias a mis compañeros, se escandalizarían y les parecería infantiloide o de mal gusto. O las dos cosas. Porque en el mundo de los adultos, hacer bromas sobre la lefa es como contar chistes de culos y pedorretas, es inmaduro y vulgar. Y de pronto me ví a mí misma con mi desayuno adulto, mi crema hidratante de extracto de algas marinas de adulta y mi gimnasio chic adulto del barrio chic adulto de la ciudad chic adulta. Y sentí un poco de asco y odio ¿Quién y en qué momento decidió que las bromas sobre lefa no son adecuadas? ¿Por qué no puedo intercambiar historias sobre semen con mis compañeras?
Sentí una terrible aversión hacia la sociedad y sus absurdas reglas y formalismos que me impiden reírme de las cosas que me hacen gracia, y en ese momento decidí vengarme. El mundo adulto merecía ser castigado por destrozar mi sentido del humor y dictar los temas de los que me puedo reír. No sabía ni cómo ni cuándo, pero pensé que la oportunidad se me presentaría sin necesidad de buscarla.

La semana pasada decidí darle una sorpresa a mi sobrina Sara por su 17 cumpleaños y fui a visitarla. Como es una chica tan popular, tenía la semana repleta de planes y celebraciones, pero me dijo que me uniera al acto más apto según edad y parentesco: ir al cine con sus 10 mejores amigos y su madre (mi hermana) a ver Super 8. A la proyección le seguía la visita obligada al McDonalds. Y allí estábamos cuando mi hermana decidió ir al baño a la vez que yo traía una bolsa más de patatas a la mesa. Sara dijo: “yo también quiero más patatas”, y su mejor amiga: “yo también” y el resto se sumó al unísono. Y entonces, ante mí vi la oportunidad de la venganza. ¿Qué mejor forma de vengarse de los adultos que convencer a los jóvenes, a las nuevas generaciones de que hablar de lefa es convencional? Decidí que la mejor forma de abordar el tema era hacerlo con naturalidad. Asi que dije, “Solo tengo una bolsa, así que voy a hacer un concurso: se la daré a quien diga más alto la palabra LEFA”. Intercambiaron miradas durante un par de segundos, pero en seguida todos gritaron LEFA! Al mismo tiempo que mi hermana salía del baño. Pero lo mejor fue lo siguiente, el mejor amigo de mi sobrina, encantado con el juego comenzó a decir LEFA repetidamente y con melodía, como una canción punk deconstruída: lefa lefa lefa lefa lefa lefa lefa lefa y el resto se puso a BAILAR. Qué gran momento glorioso de venganza, bailando como una enferma mental y cantando la canción de la lefa en McDonalds, aquello parecía el sketch de Spam de los Monty Python. Y las caras atónitas de los ocupantes de otras mesas, impagable.

Fue un momento inolvidable. Si bien ahora mi hermana no me deja estar a solas con mi sobrina, ella y sus amigos me adoran y todos quieren una tía como yo. Ahora solo nos queda superar los estigmas de que las chicas que hablan de lefa son unas guarras. O si no, esperen a leer los comentarios de nuestros anónimos que van a seguir este post.

53 comentarios:

Millana dijo...

Hace unos años siendo yo adulta compartí piso con otras personas adultas en un piso de una ciudad adulta (y nada chic), de una manera que no recuerdo se instauró entre nosotros una forma de saludo que consistía en decir "cum in my face" en vez de hola que tal. Al principio sólo nos lo decíamos al vernos por casa, luego se expandió y sustituyó al "¿diga?" telefónico, y luego ya no tuvo fin.

Triste dijo...

Pussy está salvando el Pegamín. Y Millana va por buen camino también.

Macarrismo dijo...

Estaba yo el otro día pensando en la cantidad de diversión que es capaz de proporcionarnos nuestro cuerpo, desde lefa a pedos y eructos, y como estas formas de diversión están estigmatizadas y mal vistas y me puse tristón con el tema, estoy en fase de pochez existentencial again.

Triste dijo...

¿Y qué me dices de cuando las moscas se ponen a libar de las costras? Ah, la magdalena proustiana del verano...

Anónimo dijo...

joder!! que no es lefa!! es amorrrr!!!
yo tengo los testículos llenos de amor!!!

Pussy Galore dijo...

Por cierto, no he encontrado ilustraciones para el post porque estoy trabajando, si os topais con alguna relevante no dudéis en editar la entrada.

PacoclavelbarraDivine dijo...

Me ha encantado.
Qué cosa tan fascinante y estupenda es la resignificación.

sor dijo...

las niñas wenas no dicen lefa

Anónimo dijo...

dicen sabo

Triste dijo...

The Stuff!
http://www.abandomoviez.net/db/pelicula.php?film=67

Don Julito dijo...

Pues yo olorazo a lefa nunca he sufrido pero intuír un cunnilingus en el aliento de algún colega que venía de dejar a la piba en casa, como que sí

Anónimo dijo...

SABO SABO..QUE GRAN PALABRA,SE ME LLENA LA BOCA DE ELLA!!

Anónimo dijo...

la leche de mi nabo

Anónimo dijo...

grandes rimas,si señor...

EscandiNABO dijo...

Una amiga que se estaba trajinando a un pureta de unos 50 para arriba, describia el olor del semen de su partenaire como una mezcla entre cuajada y eau de Rochas. También recuerdo mi etapa teenager gayolera, y la mezcla de calostro reseco más un par de dias sin ducharse en verano era la mar de sugerente para napias entrenadas.

Pussy Galore dijo...

Don Ju, peor sería oler el semen de tu colega en el potorro de tu novia...

Don Julito dijo...

Joder...cuando eres púber, pajero y guarro, una santísima trinidad de mal rollo, la entrepierna en agosto es como The Core

Anónimo dijo...

me gustan las mariscadas

Don Julito dijo...

Desde luego, Pussy...pero para eso tendría que ser un pastor alemán

Anónimo dijo...

AH,UN BUEN BACALAO AL PIL PIL...

Anónimo dijo...

Como eres pastor belga, no

Triste dijo...

Está claro que el Pegamín se proyecta en odorama

Anónimo dijo...

yo no lo tengo muy claro

Pussy Galore dijo...

jejeje, DonJu, yo a tí te veo más bien como un tigre!

Anónimo dijo...

pues yo le veo como un gatito

Triste dijo...

Don Julito es el tigre de Chamberí.

Anónimo dijo...

La rebelión de la lefa. Así me gusta.

Anónimo dijo...

@15LEFAPALPUEBLOYA

Anónimo dijo...

Anónimo dijo...

Ahora eres alopécico, pajero y guarro, Don Culito.

EVOLUTION.

Ramón dijo...

Se dice machote

Vagina Sabadú dijo...

"Lo que fue gracioso porque en ese momento yo era la única chica del grupo. "

El clásico destino de la gorda y de la fea.

Anónimo dijo...

"Lo que fue gracioso porque en ese momento yo era la única chica del grupo. "

El clásico destino de la gorda y de la fea.
¡¡DA IGUAL,OSTIAS,MIENTRAS SE TRAGUE EL SABO!!

Sabo dijo...

Me pareció ver un lindo gatito.

jajajajjajajajajjaja dijo...

Maricones!!

Anónimo dijo...

BUENO,PUES LEFA...
:(

Pussy Galore dijo...

jajaja! ya sabia yo que no iban a tardar en llamarme puta, lo que me sorprende es que hayan tardado 33 comentarios!!

Señor Justicia dijo...

¿Quién te ha llamado puta?¿Dónde? Que le pego

Qué bonito dijo...

Ghost!!

Anónimo dijo...

MUJER INVISIBLE BUSCA HOMBRE TRANSPARENTE PARA HACER LO NUNCA VISTO.

Pussy Fan dijo...

Venga, Pussy, reconócelo, que estamos entre amigos, un poco puta sí que eres

Walter Thomas dijo...

Este post es una joya.
Como bien señala Paca, la resignificación como ritual mágico para mandar a tomar por culo estructuras mentales.
Algo tan sano y placentero como ir a cagar.
Cuanto aprende uno sin querer.
A tope, con la lefa, la resignificación, el mongolismo y su puta madre.

Casa Tarradellas dijo...

El FUET también huele a flor de castaño sólo que con un pathos más aséptico. Siempre se puede tirar de él cuando se tenga nostalgia y no se desee depender de las estaciones y contingencias análogas.

Anónimo dijo...

claro que la cria del rebeco resulta antológica

Tereso dijo...

Mac: deberías hacértelo bien, o pasarte por una playa con tías en tetas o follar más que un tiarrón como tú, del norte, da para más que para reclamos existenciales.

Pussy: una bonita entrada, lo que me recuerdan varias anécdotas al respecto de la simiente masculina. Lo que dice don Tarradellas y la capa que cubre el fuet que además de color tiene forma fálica para su completa resignificación. Y la piel, rara vez, pese a su olor se quita, se come con total desprejuicio, con la melena al viento y la panza afuera, aunque luego con la boquita fina se diga que sabe a semen. Resignificación al palo.
Había unos árboles justo enfrente de donde yo vivía hace unos años, en Madrid, que también soltaban ese olor que al aspirarlo te entraba hasta la faringe y que te dejaba con una sensación raruna, como de culpabilidad nasal.
Pero lo más intrigante en relación al tema de hoy, el olor de lefa, me ocurrió con un ex compañero de trabajo, mucho mayor que yo incluso hace como 8 años atrás, y que con sus manos movedizas y casi sin venir a cuento siempre terminaba hablando de sexo, una vez y esto sí que lo recuerdo patente soltó: el semen sabe a rayos. ¡¡¡A rayos!!! El muy puto se había retratado, él lo había probado e incluso intuía que en cada bocanada de su putrefacto olor bucal, mucho antes de esa letal confesión, se tragaba pollas a granel. Y no habría pasado nada si él lohubiera confesado: oigan chicos, me la como doblado, sépanlo... Pero no, él jugaba al espionaje, al entrar al vestuario en pleno cambio de ropa juvenil y hombre, se le notaba en el frotar de las manos cada vez que algún mozuelo de menos de veinticinco entraba a la tienda. Pero da igual, lo que siempre me pasaba con él era que en cuanto abría sus fauces era como si hiciera un Peter north odorífico. Y no molaba. En absoluto.

Hola, pegamín, ya estoy de vuelta de vacas. Un saludo caluroso a ellos y un beso a ellas.

PacoclavelbarraDivine dijo...

Qué cosas... jugaba al espionaje. Una elección de palabras deliciosa.

Tereso dijo...

Hola Paca, he estado espiando el FS y el efecto Paca es innegable en nuestras vidas, ese aire fresco como a Calvin Klein unisex que deja un sabor frutal, y que nos impregna en nuestros quehaceres diarios y los no tanto. Efecto Paca a tope. Siempre.

PacoclavelbarraDivine dijo...

Esto que ha dicho es una crueldad. Cuánta maldad! Calvin Klein... ay ay ay.

Tereso dijo...

es que ví uno en el aeropuerto que era afrutado y como muy entre una cosa y otra, como divagante (el olor, no usted, dios me guarde) y un poco ambiguo... no sé, es que tengo una napia que me lleva a mundos bastantes gilipollas. Perdone usted.

Anónimo dijo...

SOY GABRIELE DE 25 AÑITOS, MUY MORBOSA, FIESTERA. ME GUSTA TODO LO QUE SE TRATE DE SEXO **CHUPAR HASTA SACARTE LA LECHE **HACERTE MASAJES**MIMOS, CARICIAS **BESOS CON LENGUA **Y OTRAS FANTASIAS. LLAMAME, NO TE ARREPENTIRAS. NO LLAMAR CON NUMERO OCULTO. TELEFONO: 622492878

PacoclavelbarraDivine dijo...

Jajaja, no se apure. Es que me horroriza ese perfume (esa marca en realidad).

Y sí que se podría decir de mí esto de divagante...

La costumbre de ponerle género a las cosas es muy... divertida.

Pero este post va del olor a LEFA.

Otras cosas que huelen a lefa son los champiñones cuando empiezan a cocer. Algún producto de limpieza (la lejía muy diluída creo) recuerda vagamente a ella también.

Venga...

Un, dos, tres; responda otra vez...

Dr. Txumino dijo...

La lefa, al igual que otros fluidos cambia sus propiedades organolépticas según los alimentos que consuma el individuo en cuestión. Por lo tanto, hay tantos sabores como individuos lefadores, o peor aún, un mismo individuo puede pasar por diversos estados lefadores: el de la cuajada, consistente, de mayor dureza, con un olor fuerte, hasta el del awita de la tercera paja (suponemos que aqui no folla ni dios). Con respecto al sabor, que es la propiedad que realmente interesa en este post... Pues según sea una alimentación más afrutada la fructosa actuará directamente sobre ese líquido viscoso dejando un sabor mejor en la boquita recibidora que aquel que se alimente a base de ajos, o del paki que le pone curry hasta al colacao. El tomate, además, da mejor sabor a la lechita así que ya sabéis maricones y señoritas (no bolleras)de esta casa de putas lo que tenéis que hacer.

Anónimo dijo...

retrasaaaaaaados!!!!!!!