como los monos de gibraltar

miércoles, 2 de octubre de 2013

Bar-váter (I)

-Cuenta eso que ibas a contar, puto negro.

-Es una historia jodida. Me he sentido como el camarero de Barfly ayer. Pero más jodido porque no hubo peleas ni nada. Entró un señor con pinta de mendigo al bar, chándal, unas zapas de moto y una chupa Yamaha. Y que no se me olvidé, las gafas de sol de diadema en la acbeza. En la mano, una bolsa de carrefour de las reciclables. Que donde puede dejar sus enseres. Donde sea le responde mi compañera. El bar estaba vacío.
Se pide un vaso de pepermint (flipad) con dos hielos y una cerveza. Comenta un par de jugadas con la camarera y le pregunto a ella que si todo bien. Que si iba bien el tipo. Sí, es extraño pero todo bien me responde ella. A la segunda consumición de pepermint y birra se va a fumar afuera, ya se le estaba empezando a complicar al habla y olía a petroquímica su aliento, así que decidí ir afuera mientras fumaba y darle un poco de charla para que no le tocara las pelotas a los demás escasos clientes que ya iban llegando. La calle, muda, salvo por la voz de Andrés, así se llamaba el paisano, y yo.

-Qué profesionalidad. Estás en todo.

-Ya. Cigarrillo. Me convida. Le digo que no, pero porque yo no suelo fumar y aquel día no pretendía que fuera la excepción. Compruebo que estaba pedo o en un estado alterado de la personalidad que dirían las fuerzas de seguridad y el orden: su habla no es clara y repite las frases contantemente. Canta soy un truhán soy un señor, se la adjudica a Joan Manuel Serrat, detecta un acento, vocifera que si Sabina es dios en mi país, Serrat es Jesucristo. Asiento con un gesto de cabeza. Le comento que a mi madre le encantaba Serrat. A mi madre le encantaba Serrat.

-¿Era Elvis?

-No era Elvis, era de Sabadell.

Todo bien entre Andrés y yo. Nos vamos entendiendo. Todo esto, con el barrio de Chamartín dormido y sin un coche en la calle. Porque todo el mundo ahí esta de vacaciones, tienen pelas.
Andrés de Sabadell, sargento en Afganistán, con un amigo uruguayo que se las preparaba gordas. Muy majo pero muy mentiroso según su propia y probablemente única versión que iba a escuchar yo de la historia.
A partir de ahí empezó a desmoronarse Andrés. Y yo a encajar la historia del pobre Andrés, su historia.

Que si en Afganistán estuvo 40 días sin comer. Que las kalashnikov son mejores que las armas que tenían los españoles. Que si tuvieron que robarle la comida a unos afganos amenazándolos de muertes. "Al fin y al cabo son putos moros", se justificó. Pero era majo Andrés. Me mostró todo su cuerpo cosido de cuando defendió a su colega uruguayo en el ejército (?). 
El uruguayo, por lo visto, tenía miedo y no quería estar allí pero Andrés le defendió con su arma y recibió cortes por todos lados. No me llames sargento le repetía mientras el uruguayo estaba cagado de miedo. Para cuando Andrés defiende a puño y munición a su colega del cono sur él y yo ya somos colegas.
Al final de la charla y de su eterno cigarrillo veo una persona por la calle. Imaginad, un deus ex machina en pleno trance de la brasa. Un tipo de unos treinta y largos en apariencia, sin camiseta y con skate por la puta avenida. Os recuerdo y para añadir algo más de tensión que la escenografía de nuestra charla era ballardiana. Así que su aparición fue como cada vez que aparecía una puta barcaza en aquella peli tan mala de Waterworld. Pobre Kevin, se gastó un montón de pasta en aquel bodrio.

- Waterworld está muy bien porque todo el mundo es mar. No hay piscinas.


- En fin, que llega este, lo reconozco a la distancia, es un cliente de los pasadetes, se pone la camiseta y me dice que si puede tomarse una cerveza y que si mañana puede pagármelas. Le digo que si, porque para ese momento ya estaba yo jugado. Y, joder, me apetecía hacer un "boxeo a tres bandas".

- Le dijiste que sí porque era skater? Negro, esto es un suspense insoportable. Parece un folletín por entregas,

- Espera, me llaman al teléfono.

- ¡No puedor!

- No, le dije que si porque así los dejaba a los dos hablando. Además luego me di cuenta de que el martes anterior había estado con esa actitud entregada (como si te metieras una cucharada sopera de speed, cuatro monsters y tres rayas a la vez) pero poco nociva, que llega a entretener pero sin doler, como una descarga de poco voltaje.
El skater que es cocinero y tiene restaurantes (dice) me cuenta que viene de grabar no se que mierdas con su crew (de skaters intuyo). A su vez, Andrés contándome historias de la puta mili y de que su vida es una mierda. No doy abasto pero intento concentrarme: ambos merecen mi atención. La clave de la conversación, ahora que lo recuerdo, estuvo en que el skater no tuviera pasta encima, ahí fue donde Andrés se apiadó y empezó a sacar billetes, dos paquetes de tabaco (quería regalárselos al skater) e invitarle a todo. El skater no quería. Viendo el aspecto de Andrés, que estaba bastante demacrado, hubiera sido una injusticia moral aceptar cualquier cosa de él. Era él quien necesitaba ayuda.

Pues eso, que saca un fajo de billetes: yo te pago todo chaval, qué quieres, yo te invito. Si voy a un bar me pido un rioja y un bocata así de grande (hace el gesto con la mano del tamaño de la polla de Mandingo). Que yo te lo invito, pero a mi no me gusta la gente falsa, lo veo en la mirada (sic). En la acción de sacar la pasta se le caen dos pirulas. Y un billete de tren o autobús. Todo esto en la puerta del bar, claro. El skater recoge las pastillas y el billete, le ejecuta una mirada cómplice y se las devuelve. Hace un comentario gracioso al respecto. Andrés toma el testigo pildoril y nos advierte: son para la ansiedad. Yo no sé si aliviarme o que porque ni bien acaba con su frase se las mete a palo seco. Recordemos que venía de tomarse dos cervezas con pipermint, la bebida de los champions. Y que ya venía oliendo a alcoholazo sin destilar.
Entramos todos. Nos sentamos los tres alejados de los demás clientes, en una esquina donde nuestra animada charla no confundiera a las parejitas y señoras que habían venido a tomarse una copita. Andrés emperrado en que tenía que pagarnos todo. Y nosotros: que no hombre, que no.
En un momento Andrés se cae por su propio peso y como estaba yo entre medio del skater y yo, logramos amortiguar algo su ciada, se dio con la cabeza en un apoya pies de metal: chichonazo. Hielo, lo acompaño fuera pero para este momento no podía articular movimientos decentes. los ansiolióliticos y el alcohol ya habían hecho lo suyo. No sabía Andrés que pasaba en su cuerpo ni lo podía controlar. Intenté calmarlo diciéndole que esa mezcla de pirulas y cervemint era muy potente y que lo mejor era descansar.

Lo acompañé a la puerta y me confesó ya en la calle que había venido a ver a su madre que había muerto . Por eso venía ligero de equipaje, por eso el billete de renfe en el bolsillo cuando se le cayeron las pirulas, por eso la depresión... Le dije que se fuera a un hotel o a un taxi pero que no se quedara por ahí vagando, con esos billetes arrugados en la mano. Espero que no lo hayan desvalijado. Antes de pirarse me repitió que la vida era una mierda. Cuéntamelo a mi, atiné a decirle. ¿Te puedo dar dos besos? Si, claro. Y no vi jamás a Andrés, desapareció por la avenida, como las ganas de vivir tras las vacaciones. 


11 comentarios:

Millana dijo...

¡Anda, un post! Voy a leerlo.
ñ_ñ

Anónimo dijo...

¿Quién es el marica con el que dialogabas, eh, Teres0?

paca dijo...

Y esto?

Anónimo dijo...

Chapas

Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre dijo...

Chapero mas bien.

Walter Th0mas dijo...

Puto negro, ya me has dejado movidico para todo el día.

priesito dijo...

Jajajaja

Siempre que veo un post de Tereso, me digo, vaya brasa me va a soltar. Pero luego me lo paso bien.

Por cierto, negro, abres el fanzine.

Ender dijo...

coño, el jevi...

Millana dijo...

¿Tienes un bar, negro?

paca dijo...

APARISSIOOOOÓN

Tereso dijo...

pura brasa vegetal, sin metales pesados.