como los monos de gibraltar
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martes, 17 de agosto de 2010

CUELGA TÚ, dicen las voces (II)

Yo escuché una vez cómo moría el vecino de arriba. Mi edificio tiene los tabiques y los techos de papel y se oye todo. Cuando se hace la noche y pesa el silencio puedes sentir el más mínimo paso, un ronquido, la orina al caer de alguien, cualquier cosa.

No me caía muy bien mi vecino de arriba, que era un viejo alto y solemne, como Boris Karloff, y no me miraba con gusto. Me sonrió alguna vez con sorna porque yo antes cultivaba narcisos en el balcón y eso le hacía gracia. Pero algún sonido mío no le debió de gustar y dejó de sonreír con sorna.

Una noche oí unos ruidos que venían de arriba. Unos ahogos, unas angustias de asfixia. Y a la mujer diciendo: "hale, hale, ya, ya", como se dice a los niños, mezcla ternura y mezcla condescendencia. Pasó un tiempo y sonaron unos pasos ejecutivos, rápidos, de tacón de madera, que se movían por el pasillo. Y ya no oí más y a la mañana siguiente estaba la esquela en la puerta del portal.