como los monos de gibraltar
Mostrando entradas con la etiqueta Iconos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iconos. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de julio de 2012

Iconos pegamin: la anciana en contra del tabaco

En este antiguo hospital la conocí
Recupero esta sección para hablaros de un icono de Berlin. Se trata de la anciana que lucha contra el tabaquismo. Nuestros caminos se han cruzado dos veces. La primera vez fue en la casa autogestionada de Bethanien. 
Estabamos organizando la manifestación del 15 de Octubre de 2011, la primera a nivel a mundial, y en algún momento apareció ella para, con cara de mucho asco, decir que si queríamos ser verdaderos revolucionarios, teníamos que empezar por dejar el tabaco. La gente pasó de ella bastante, a lo "la loca de los gatos", y yo me olvidé de ella, aunque su cara de profunda repugnancia y decepción se me quedaron bastante grabados.
Hace un par de días, mientras esperaba a un conocido, vi una figura de señora mayor emerger del metro: pelo recogido super tirante en mini moño, camiseta y pantalones pesqueros amarillos y botas plateadas con taconazo. En la espalda, la camiseta llevaba una inscripción escrita a mano "Cada cigarrillo es una (nueva) guerra".
Si se trata de la misma mujer, está claro que en este último año ha decidido ponerse en serio a ello, y, con una reinterpretación de Rambo, preparar cuidadosamente su atuendo antes de cada misión.


Si no se trata de la misma mujer, entonces habría que asumir un presupuesto quizás más escalofriante; existe una legión de ancianas dedicadas en cuerpo y alma a combatir el tabaco por todos los medios.

¿Se trata de celulas independientes o de un cuerpo de élite dirigido por una poderosa organización desconocida? Es pronto para decirlo. Seguiremos informando.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Iconos pegamin: La vieja del Lidl

Entro en el Lidl y en el pasillo de la verdura, entre tomates pochos y rábanos sucios, me la encuentro de frente.

Lleva un camisón de abuela desgastado, un abrigo verde medio caído y una media cuelga a mitad de pantorrilla. Juraría que calza unas pantunflas rosas. Camina hacia mi y va hablando sola, aunque me mira intensamente. Entonces lo veo.

Una espesa, espesísima baba cubre su barbilla. Nuevos colgajos se suman a la fiesta cada vez que dice una palabra. Cuando me cruzo con ella el tiempo se ralentiza: el frigorífico de los lácteos, al fondo del pasillo, es mi meta pero su cara se gira en mi dirección y vuelve a proferir palabras en un lenguaje extraño. Consigo esquivarla y comprar un yogurt, pollo, lechuga, tomate, calabacín, champiñones, plátanos y pizza congelada.

En la caja me la vuelvo a encontrar. Ha comprado una botella de agua.
Paga.
La cajera dice: Faltan dos céntimos
La mujer contesta algo y llena de babas a la cajera, que ni se inmuta.
Faltan dos céntimos, repite.
Babas sobre la cajera.
Faltan dos céntimos.
Babas sobre la cajera.
Faltan dos céntimos.
Babas sobre la cajera.
Faltan dos céntimos.
Babas sobre la cajera.

martes, 11 de enero de 2011

Iconos pegamin: el maikeljakson de Sol

Un icono indiscutible del centro de Madrid.

Todos estamos de acuerdo que intentar copiar la cara de Michael Jackson es un imposible: ahí hay muchas horas invertidas jugando al Operación y muchos traumas sin superar.
Pues oye, nuestro impersonatorrrlll se llenaba la cara de polvos de talco y ni tan mal. Hombre, esto en Invierno, porque en Verano, con esa solana con que hemos sido bendecidos los madrileños dándole en el careto, el pobre hombre parecía un yogur griego.
Pero bueno, mal que bien, tirando de sombrero negro para acompañar el mítico traje negro con camisa blanca a juego con los calcetos, la cosa daba el pego.

Archivo personal pegamin: Michael meets Ender

Cantar no cantaba, y eso que nos llevabamos, porque si el Michael original ya de por sí no es que tuviera un chorro de voz, oir cantar un Beat it vallecanizado con coros de angeles gritando "Tengo 'gualeeees, teeengo 'gualeeeees" y "Compro ooooroooo, ooorooo" podía ser una experiencia de más miedito que ver el videoclip de Thriller a los 6 años. Y en Sol, zombies buscando comer cerebros no habrá, pero viejetes negociando comidas de polla, unos cuantos.

Entonces ¿qué hacía? ¿posar parado como la estatua humana del paraguas y el huracán? Pues no, en aquellos tiempos la gente se lo curraba y el tío estaba dale que te pego bailando todo el rato. Que si un moonwalk, que si una tocadita de huevos artísticamente justificada, que si un giro 360º terminado sobre las punteras... lo que fuera con tal de animar a la muchachada y sacarse unas perritas.

Aunque su lugar de trabajo preferido era la antigua ubicación del Oso y el Madroño, también recuerdo haberle visto actuar en El Retiro, parque que, sin duda alguna, volverá a aparecer en esta sección Iconos Pegamin.

Y ahora no os hagáis los guays y acompañar al idolo con unas palmas. Ji-juu


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Iconos pegamin: El que abría la puerta en La Pepita

Esto no es de risa, lectores pegamitas. No ya porque estemos hablando del triste cierre de un bar que todo malasañero conocía, si no porque eso que queda tan bien en los periódicos de "el drama humano que encierra" aquí se ve bien clarito. Tan claro, que es como un puñetazo en la cara.

Los habituales recordaran que el local, ruinoso como él solo, lo regentaba un matrimonio con bastantes malas pulgas que lo mismo te recordaba que "las sillas no se mueven" como te ponían el ofertón de cali/cerveza+bravas. También todos recordamos que esas sillas a las que tenían tanto apego estaban sacadas de distintos contenedores de basura, única explicación plausible al hecho de que todas fueran diferentes. Bien, cierto, todo esto son datos conocidos.

Lo que quizás no recordáis es que a este matrimonio le solía acompañar un señor cuyas únicas dos funciones parecían ser abrir la puerta cuando alguien entraba o salía (hecho insólito, por otro lado) y recoger los vasos de mini de las mesas. Durante mucho tiempo pensé que el tipo era un habitual del bar, de esos que, sin pedir nada a cambio, comienzan a realizar pequeñas funciones dentro del mismo, como si de esa forma quisieran justificar su eterna presencia.

Pero no. Poco o muy poco, algo debía cobrar, porque fue empezar a saberse que iban a cerrar La Pepita por especulación derribo del edificio y al hombre se le empezó a ver pidiendo dinero cerca de la salida de Metro de Tribunal menos concurrida.

Y desde que La Pepita cerró, allí está.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Iconos Pegamin: Screaming Lord Sutch

A medio camino entre un Ozzy Osbourne (más) pasado de vueltas y el Andrés Pajares de "Drácula yeyé", David Edward Sutch encontró  su hueco en la música popular, con el bonito nombre de Screaming Lord Sutch, Tercer Duque de Harrow, durante la década prodigiosa juntando dos conceptos aparentemente tan dispares, y extrañamente tan ligados, como son el horror y lo tuno. Considerado por algunos como uno de los padres del shock rock su bizarra figura se nos hace aquí digno antecedente, incluso, de cosas tan conceptualmente antagónicas como unos No me pises que llevo chanclas, unos The Horrors o los mismísimos Misfits, pasando por cualquiera de esas hiperbolizaciones que perpetran hoy en día multitud de formaciones musicales que juran bandera en lo gótico y/o sus (miles de) ramificaciones. Así pues, antes de ser, temáticamente hablando, padre de muchos hijos y padrino de muchos más, Lord Sutch aprovecha la efervescencia sesentera para aparecer en escena acompañado de  su banda The Savages para escupir su simplón racaraca garajero disfrazado de Jack el Destripador -pasado por el filtro del Lon Chaney de El Fantasma de la Opera y el Drácula más belalugosiano- y asustar a señoritas con el peinado que llevaba tu madre de joven en las fotos en las que no sale tu padre.

En los felices 60's todo era jijí-jajá




David deja el noble oficio de fontanero para dedicarse, como tantas y tantas bandas británicas de la época, a asimilar y regurgitar todo el r'n'r que América (del Norte) había exportado durante los 50's, reinterpretándolo y devolviéndolo a sus creadores, en un revés sin precedentes. Él y miles de chicos pálidos de la aburrida Inglaterra, los que se criaron en la dura posguerra británica tras la II Guerra Mundial (que se lo
digan a Pete Towsend o a miembros de Pink Floyd, que no se han cansado de relatar como fue su niñez jugando en los descampados y escombreras que dejó el Blitz) que estaban a miles de kilómetros, un océano y un continente de distancia del delta del Mississipí y que no habrían visto un negro ni en pintura, se nutren de blues y rock and roll, asimilándolo y reinventándolo con un estilo y una pasión que meten miedo -uno escucha esos primeros discos de los Stones o los Yardbirds , sin ir más lejos,  y alucina con la interpretación de blues tan arrastrados y tan, geográfica y culturalmente hablando, lejanos-. Seguramente, en las Islas, ya habían hecho un poco de callo con el skiffle de Lonnie Donegan (que se lo pregunten a The Quarrymen, más tarde alineados bajo su nuevo nombre, The Beatles) y con los bluesmen estadounidenses más mainstream como Howlin' Wolf o Muddy Waters. El caso es que en ese ambiente en el que se forma lo que llamarían British Invasion (de la que, curiosamente, Screaming Lord Sutch no formó parte ya que no se comió un colín en los USA) es donde la extravagante figura de nuestro Jack el Destripador se empieza a gestar.Por encima de los referentes comunes a toda esta generación de músicos (Chuck Berry, Elvis, Muddy Waters, Little Richard y demás figurones fifties), David Sutch rinde pleistesía, e impersona, sin cortarse una cala, a Screaming Jay Hawkins (hasta en el adjetivo sustantivado), ese negro loco que, antes que los Cramps, ya jugaba la baza del rock'n'horror, con una estética entre el Baron Samedi y el Príncipe de Zamunda. A la manera de éste, David desarrolla una gran querencia a las pieles de leopardo, los collares de huesos, el rollito de terror cachondo y la desatada interpretación y puesta en escena con ataúdes y maquillaje a punta de pala. Como en el show bussiness hay sitio para todos, nuestro Lord Sutch consigue epatar en esos ingenuos 60's y llama la atención de Joe Meek (otro que también tiene lo suyo), que le produce su primer single, "Til the following night", si bien Screamin Lord Sutch and The Savages no pegan el petardazo hasta 1963 con su, quizás el más famoso, tema "Jack the Ripper".



La relativa fama que les proporciona el single abre un torrente de colaboraciones con músicos que, si bien, la mayoría de ellos, no eran aún famosos, acabarían siendo unos figurones de lo suyo: Ritchie Blackmore, Keith Moon, Jimmy Page, Jeff Beck y muchos más...En una relativa buena racha, ya digo que tampoco fue nunca un bombazo, manufactura una serie de buenos singles "The Monster Man", "Drácula's Daughter", "She's falling in love with a monster man", a los que acompaña en directo de otros buenos temas como "Murder in the graveyard", "Black Hairy", "Bye bye baby" amén de una ristra de clásicos del rock'n'roll yanqui como "Good Golly Miss Molly", "The Train kept a rollin", "Roll Over Beethoven", "Great Balls of Fire", "Johnny B Good" o "Tutti Frutti". Lord Sutch está lanzadísimo y no contento con su carrera musical funda, en el año 1963, un partido político chunguísimo y necio, el "Monster Raving Looney Party" con el que intentaría entrar en el Parlamento inglés desde 1964 hasta, cágate, 1999, con estupendas propuestas en su programa electoral como hacer billetes de 99 peniques para evitar dar propina o mover las Islas Británicas hacia el sur para mejorar el clima.


Jack the Ripper

Pero antes de esto el Tercer Duque de Harrow, tal vez en fase maníaca tiene tiempo para girar, hacer el notas, grabar discos con estrellas de relumbrón e, incluso, quiero pensar que como en "The boat that rocked", funda una radio pirata, Radio Sutch, la que dicen que fue la primera radio encubierta -es 1963- que funcionaba desde un barco, el Cornucopia, si bien de una manera poco regular, reflejo tal vez, del alocado Lord Sutch, que se acaba aburriendo y se la coloca a su mánager.

 Venirse, que hay porros

Se le pasa un poco el arroz, en mi opinión, y a pesar de ser un personaje muy conocido en las Islas no acaba de despegar mientras que a su alrededor toda esa cuerda de colaboradores acaban en los posters del Popular 1 y  nuestro protagonista se convierte en una especie de clown que aparece y desaparece en los tabloides más amarillos dando titulares bizarros como solo una figura semejante puede generar y haciendo declaraciones tontas desde el púlpito que le proporciona su formación política bufa  Y no paró aquí por falta de tesón o aburrimiento, sino por algo más definitivo: un ahorcamiento autoinducido, a los 58 años y, a tenor de las fotos, 102 kilogramos,  con resultados fatales y no buscando placer sexual en la angustia anaeróbica sino empujado por un devastador transtorno bipolar, la enfermedad que es a las estrellas del rock lo que la silicosis a los mineros. Como buena noticia hay que resaltar que su hijo sigue adelante con este magnífico proyecto.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Iconos pegamin: Ella baila sola en el Wurlitzer

Si, como yo, eres un Don Nadie en el mundo de la noche, lo más probable es que para entrar en el Wurlitzer o bien te armes de paciencia y esperes la cola de la izquierda o bien estés a las 2:30 fichando como un campeón para entrar directamente.

En cualquiera de los casos, nada más entrar tienes un 90% de posibilidades de encontrarte en el escenario a esta simpática rockera que, encuerada hasta las cejas, siempre está sonriendo con una copa en la mano y los focos dándole en la cara.

Cómo aguanta el tremendo calor que hace ahí y cómo es capaz de pasar horas y horas sin prácticamente hablar con nadie, simplemente mirando a la parroquia desde su atalaya, es algo que se me escapa.

He visto a muchos tíos entrarla pero siempre con el mismo resultado negativo. Sin perder su eterna sonrisa o pasa de ellos o le dices que ella está ahí para bailar.

En la oscuridad de la noche, su presencia es un mensaje de esperanza.

sábado, 21 de agosto de 2010

Iconos pegamin: La de los imperdibles de la Cruz Roja

O la lucha contra el sida o Dios sabe qué.
Considerando que la fulana te asalta nada más salir de la FNAC para clavarte su imperdible en el ojal, no se conoce persona que se haya detenido a averiguar para qué cojones te está pidiendo dinero.
Muy al contrario, la reacción más habitual es pegar un salto para atrás intentando evitar el punzante objeto y acompañar el movimiento con mirada espantada y gesto de desagradable sorpresa. De esta forma se consigue un colosal efecto de desprecio que ella, muy habituada, capta.
Es en ese momento cuando su inicial mirada melosa se torna en franca hostilidad y, en ocasiones, maldiciones susurradas entre dientes.

Un clásico de Madrí.