como los monos de gibraltar
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Iconos pegamin: El que abría la puerta en La Pepita

Esto no es de risa, lectores pegamitas. No ya porque estemos hablando del triste cierre de un bar que todo malasañero conocía, si no porque eso que queda tan bien en los periódicos de "el drama humano que encierra" aquí se ve bien clarito. Tan claro, que es como un puñetazo en la cara.

Los habituales recordaran que el local, ruinoso como él solo, lo regentaba un matrimonio con bastantes malas pulgas que lo mismo te recordaba que "las sillas no se mueven" como te ponían el ofertón de cali/cerveza+bravas. También todos recordamos que esas sillas a las que tenían tanto apego estaban sacadas de distintos contenedores de basura, única explicación plausible al hecho de que todas fueran diferentes. Bien, cierto, todo esto son datos conocidos.

Lo que quizás no recordáis es que a este matrimonio le solía acompañar un señor cuyas únicas dos funciones parecían ser abrir la puerta cuando alguien entraba o salía (hecho insólito, por otro lado) y recoger los vasos de mini de las mesas. Durante mucho tiempo pensé que el tipo era un habitual del bar, de esos que, sin pedir nada a cambio, comienzan a realizar pequeñas funciones dentro del mismo, como si de esa forma quisieran justificar su eterna presencia.

Pero no. Poco o muy poco, algo debía cobrar, porque fue empezar a saberse que iban a cerrar La Pepita por especulación derribo del edificio y al hombre se le empezó a ver pidiendo dinero cerca de la salida de Metro de Tribunal menos concurrida.

Y desde que La Pepita cerró, allí está.

domingo, 25 de julio de 2010

Bares de Madrid IV: Nueva Visión

El bar de Los Ramones.

Para mi gusto, el bar más divertido de todo Malasaña. Quizás la música (habitualmente rocanrolera o punkarra) no sea del todo mi rollo, quizás Johnny (dueño y pincha. Su obra y milagros en la entrevista del número 37 de Mondo Brutto) a veces se raye y deje sonar discos enteros pero es el único bar que conozco en que parece que puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.
Son tantos los bares asépticos que pueblan nuestro castigado Malasaña que la autenticidad del Nueva Visión resalta con (mortecina) luz propia.

Servidor aprecia todo en este bar; la decoración con los habituales posters de conciertos pero también con una memorabilia raruna (esas chanclas de Los Ramones), el uso de ventiladores en lugar del puto aire acondicionado, la rara estructura que hay nada más entrar a la izquierda, las enormes puertas de entrada y del baño...
Bueno, al baño reconozco que no le tengo tanto aprecio pero ¡hey, que importan los meados cuando estás en el bar de Los Ramones!

Ya sabéis: “Motos, cerveza, jamón y Los Ramones. ¡Con dos cojones!”.

viernes, 23 de julio de 2010

Bares de Madrid III: San Mateo Seis

Conocido como El San Mateo, es el clásico bar de adolescencia donde pinchaban Platero y Tú, Red Hot Chili Peppers, Rage against the machine, etc.

Más de diez años más tarde tres cosas permanecen inalterables; la decoración, nula salvo por unos collages de figuras del rock que reposan en una pared, el horario, extraño como él solo pues cierran más tarde que los bares pero no están hasta las seis y el jefe, un hombre de pelo largo y cano de mirada imperturbable.

Lo que si ha cambiado es la música, que actualmente es pachanguera y la edad de la gente, que es insultantemente joven.

Espera... si yo paraba por ahí antes de empezar la carrera y ahora va gente que está en su primer año, eso quiere decir que... Oh, ooh, oooh...

:(

martes, 6 de julio de 2010

Bares de Madrid I: Red Bar

En contra de lo que su nombre pueda hacer pensar a los lectores de fuera de Madrid, el Red bar NO es ni un puti ni un bar de copas con chicas alegres, como lo podrían ser el New Girls o el Hawai, por decir dos nombres escogidos completamente al azar. El Red Bar es el típico bar español donde tomar unas croquetas y unas bravas para empezar la noche con energías.
Pero entonces, ¿qué separa al Red Bar del resto de abrevadores donde suelo cenar antes de salir por Malasaña? ¿Son sus extraños sillones aterciopelados? ¿Los múltiples espejos que hay en sus paredes? ¿O quizás se trate de los grasientos juegos de mesa que ponen a disposición del cliente? Ninguna de las anteriores.

Lo que le hace único es la curiosa personalidad de sus propietarios; un, supongo, matrimonio y su, supongo, hija.

El padre es bastante crack y aunque a veces parece que te está vacilando es un tío muy majo. Tiene el gesto y los andares de quien lleva años pasando de todo, de quien está ahí pero pero podría estar en cualquier otra parte que lo mismo daría. Hace unos años debió pasar por una etapa complicada porque ponía una y otra vez Sultans of swing. Ojo, no el disco, LA CANCIÓN. Joder, esos fueron tiempo duros.

La madre, que ahora dudo si tiene el pelo completamente blanco o es una mezcla entre rubio y cano, tiene pinta de ser también bastante peculiar pero la he tratado poco .

La que resplandece con luz propia es la hija. Como calculo fatal la edad no sabría decir qué años tiene, aunque echando cuentas deberían ser mínimo 17 porque yo la recuerdo sirviendo desde hace al menos 7 años, cuando andaba muy presumida de la barra a la cocina y de la cocina a la barra pasando entre los sillones y controlando por los espejos si la gente la miraba. Ella, que siempre ha sido muy salada (o, en palabras de algún conocido, un poco pesada) se paraba en las mesas y para cuando te querías dar cuenta ya se había introducido en tu conversación con una mezcla de picardía y vacile totalmente sacado del padre.

Una familia muy curiosa.