Lo vamos a ver todo más claro si os resumo la trama de la película.
Get him to the Greek es, más o menos, un spin-off de dos personajes que aparecían en la, también muy divertida, película Forgetting Sarah Marshall. En ella, la Sarah Marshall del título dejaba al protagonista por Aldous Snow, una estrella del rock con ínfulas de persona profunda que, a la postre, es el cuasi-protagonista de Get him to the Greek. El otro personaje es el interpretado por Jonah Hill, que si bien en la película original hacía de botones de hotel, en esta última es Aaron, el empleado de una discográfica encargado de llevar a Aldous Snow desde Londres hasta Los Angeles, concretamente al Greek Theater. Como podéis imaginar, lo complicado del asunto es manejar la inestable personalidad de Aldous, siempre sumergido en una espiral de sexo y drogas que arrastra a Aaron.
La película es muy divertida, especialmente en el arranque, cuando no tiene que rendir cuentas a nadie sobre el comportamiento de sus personajes y estos pueden ser tan disparatados como la película pide a gritos.
El problema, maldita sea, llega cuando los guionistas deciden que ya basta, que hay un modelo clásico al que respetar y por tanto el protagonista debe sufrir una evolución, tiene que sufrir un cambio que "justifique" su presencia en la película.
Esta transformación se produce utilizando la relación sentimental de Aaron con su novia y supone el único momento serio de la película.
Es ese momento mierder en que el protagonista comprende que esa no es forma de vivir la vida, que madre mía cómo me he podido dejar arrastrar por este imbécil teniendo la estupenda mujer que tengo en casa.
Si recordáis la película Rock Star, basada libremente en la historia de los Judas, el final es un momento mierder absoluto. Es tan tan mierder, que no la he podido volver a ver desde su estreno porque me ofendió profundamente. No lo cuento porque solo verbalizarlo ya me jode.
En esta película el final, sin llegar a ese extremo, también juega un poco con la idea de que el rock está bien para un rato y con moderación pero, ojito, en algún momento hay que sentar la cabeza. Estoy seguro que el traductor del título al alemán estaría de acuerdo conmigo, pues tuvo el buen gusto de llamarla Männer trip, es decir, Viaje de hombres.
En el fondo, fondo, casi todas estas películas del entorno Apatow hablan de lo mismo; de las cosas a las que renuncia el hombre actual para estar en pareja y cómo se aferra a ellas hasta el último momento. Es un pena que sus arranques sean tan irreverentes y los finales tan conservadores. Hay casos, como en mi venerada I love you, man, en los que, aunque me disguste profundamente, esta "reflexión" tiene sentido (al fin y al cabo, en esta película de lo que se habla es de la amistad entre hombres y en qué consiste, todo ello genialmente canalizado a través de la pasión de los protagonistas por el grupo canadiense Rush y en oposición a la relación con las novias) pero aquí, donde la novia del protagonista solo aparece al inicio y un par de veces como gag recurrente, no pinta nada y chirría mucho.
Ya está la Paca analizando la representación metafórica de esta mamada...
Y es una pena, porque detrás del arquetipo y la parodia (siempre necesarias para una comedia desmadrada de este tipo) hay un entendimiento real del funcionamiento de las estrellas del rock y de sus seguidores (Me gusta mucho el momento en que el director de la discográfica le explica a Aaron que los fans quieren a sus estrellas drogadas pero no tanto como para que no puedan tocar).
Me queda la duda de si la presencia del rock en estas películas es debida a los gustos de los que las hacen o ven en este estilo musical un reducto de la heterosexualidad más militante que les viene bien como representación de lo que quieren transmitir.
Sea como fuere, yo seguiré disfrutando como el enano que soy de los dos primeros tercios de sus películas y torceré el morro con los terceros actos.