como los monos de gibraltar
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viernes, 29 de octubre de 2010

Estilismos Pegamin (I): Hoy, Rastas

Cuando me plantee afrontar el controvertido tema de la rastas, rápidamente me vi abrumado por la responsabilidad. Las rastas no son chorongos de barro, mugre y pelo muerto colgando a duras penas de cabellos de pelo sano. Son la viva imagen de la lucha de un pueblo por la libertad y su derecho a fumarse una L sin que el hombre blanco tuerza el morro.

Debido a esta responsabilidad añadida, me di cuenta que no debía afrontar este articulo solo (soy, al fin y al cabo, mortal) y por ello inicie una serie de profundas entrevistas con diversos expertos. Dada la longitud de sus respuestas no he podido transcribir por entero sus reflexiones, pero creo que he sabido recoger lo fundamental de cada postura. Ruego me perdonen si de alguna forma he podido malinterpretar, sin malicia alguna, sus palabras.

Pásame el porro, compilega

Cojamos el toro por los cuernos, o mejor dicho, el porrero por las rastas y afrontemos la vertiente política del asunto.
Si acudimos a la Wikipedia o a Google usando la palabra "rastafari" rápidamente acudirán a nosotros textos y textos dándonos la brasa sobre un movimiento socio-cultural y religioso que bla bla bla. Da igual, al pan, pan y al vino, vino. Rastafari es ahora el que escucha reggae y se pajea con un poster del puto Bob Marley. Esto es así, lo siento. Si no me creéis a mi, escuchar a la sabia politóloga Paca:
La rasta (como la palestina) han sido resignificadas; desactivadas del modo habitual. Siendo digeridas como mercancía.
Mucho más claro, verdad?

Sin embargo, no todas las personas consultadas son de la misma opinión. Un ilustre pegamita que ha decidido permanecer en el anonimato no se resistía a dar por muerto su significado original y afirmaba lo siguiente al ser consultado:
Imagino que al principio era una cosa que hacían los negros para asustar a la gente. Mi abuela, que en paz descanse, contaba siempre que la primera vez que vio un negro se asustó tanto que salió corriendo. Imagínate si llega a llevar rastas. Diréis que vale, que a los jamaicols les queda fetén, que es una movida cultural, religiosa... como las trencitas de los judíos o los mullets de los gitanos. Pero en mulholland drive salía una criatura con pinta de haber sido un hombre blanco alguna vez, a la que también le quedaban de puta madre y que captaban la esencia terrorífica original.
Y remata diciendo:
Por eso mismo, a un perroflauta gaditano o a una choni valenciana les suele quedar genial. Me mola el concepto de dreadlocks. No se, he pensado en ponerme unas.

El politoxicómano Miguel Agnes, intentando mediar entre las dos posturas, se mostró contundente en su opinión, aunque algo desviado respecto al tema tratado:
Los sarasas son toda una metáfora en movimiento de la decadencia de la sociedad occidental.

Un poco desanimado por la falta de resultados claros, encaré la vertiente puramente estilística del asunto.


Eh, mira, puedo utilizar esta rasta como cinta para el pelo

Partamos de la base que, como asevera Grace Morales en su libro de inminente aparición dedicado íntegramente al tema, la rasta es un estilismo capilar muy difícil.
Bien, vale, no es que se haya herniado pensando sobre el tema, pero por algo hay que empezar.

Al intentar contactar con el experto capilar Don Julito, descubrí que se hayaba recluido en un monasterio de los padres Palotinos estudiando las obras completas de Cesar Vidal. Solo tras insistirle repetidas veces, conseguí que me dejara un tenso mensaje en el contestador como respuesta:
Una guarrería, un mojón de pelo más muerto aún que en el resto de los mortales con bichos, fulanga y estéticamente una marquesina que anuncia "soy un cerdo"... amén de una manera segura de quedarte calvorota a la manera tiñoso, con grandes calvas devastadas. Fuma porros, sí, pero sin cucamonadas.

En el polo opuesto de esta opinión tendríamos a Don Ramó, encendido defensor de la rasta:
Rastas, piso okupado y porros subvencionados.

Pero no todos nuestros expertos se muestran tan tajantes como Julito o Ramó. Mentes más templadas establecen algunas diferencias entre sus portadores.
Macarrismo y Jane, por ejemplo, creen firmemente que la clave se encuentra en el color de la piel y el sexo del portador, pero donde uno ve blanco, el otro ve negro, y viceversa.
Escuchemos la opinión de Jane:
Las rastas, interesante debate. Como cualquier aberración estética, una tía puede llevarlas y salir más o menos impune, pero casi NINGÚN HOMBRE BLANCO puede llevarlas sin merecer castigo. Ahora bien tengo algún amigo que ha llevado rastas y eso no los convierten en perroflautas automáticamente, normalmente tarda unos meses.
Y las palabras de Macarrismo:
Tubos de pelo muerto compacto putrefacto que huelen MAL. El horror. Y no favorecen. Sólo aceptables (y muy a regañadientes) en negros guapísimos.

Como nuestros lectores pueden comprobar, parece que se trata de una simple cuestión de gustos, como también parece serlo el curioso olor que desprenden y que Millana no duda en defender como un tufillo almizclado.
Paca, muy preocupada siempre por las cuestiones de higiene, ataca sin piedad a todos los rastafaris diciendo que sucio es el o la que las lleva.

Por ultimo, Tereso, to fumao, se alinea con Paca y se muestra radicalmente en contra de ellas:
Opino que representan la antítesis de la higiene y la estética capilar. En un vello púbico habría que verlo, yo pagaria por ello, pero en general digo no a esta manifestación que es el equivalente del palestino en el ámbito de la indumentaria.


Sin pretenderlo Tereso se ha anticipado a nuestro ultimo punto de debate; ¿se puede ligar con rastas?


Guapo, ¿quieres que mis rastas acaricien todo tu cuerpo?

Aunque como hemos podido comprobar son muchos los que se muestran contrarios a la estética rasta, otros la encuentran irresistible.
Éste es el caso de Popy Blasco, quien, con expresión soñadora y una perceptible erección, afirmaba:
Cuando veo una rasta me dan ganas de cortarla y metérsela por el culo al dueño de la misma.

Menos entusiasta se mostraba Don Triste, que, tras lanzar un suspirito, afirmaba:
Yo qué sé, me da un poco igual todo.

Parecía que había llegado a un punto muerto en mi investigación cuando, al preguntar al tetacampeón XabiBenPuta, las cosas se precipitaron a un punto que no podía imaginar.
Todos sabíamos o suponíamos que Xabi había llevado rastas pero lo que nadie imaginaba es que ¡eran teñidas de rubio!
Su antigua amante Millana nos lo cuenta risueña mientras termina de hornear un pastel de tofu:
Llevó grelos en rubio platino durante 10 años, totalmente perdonable porque esa masa de pelo muerto y oxigenado que le colgaba de la cabeza le representaba en algo.
Xabi, por su parte, recuerda así esos años:
Tuvo su lado bonito y lo recuerdo con cariño. Estéticamente fueron mis mejores momentos, era joven y bello.
Al ser preguntado por Millana responde esquivo:
Fue una época en la que anduve con una jipi valenciana q llevaba unos locales autogestionados con restaurante ovovegano.

La conclusión, a tenor de los resultados de Xabi, parece clara; hay que dejarse rastas.