como los monos de gibraltar
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domingo, 8 de agosto de 2010

CUELGA TÚ, dicen las voces


Antes, en las casas sólo se utilizaba el teléfono para cosas serias, para informaciones graves y que iban a misa. Defunciones y poco más. El teléfono era como el telégrafo pero con voz. Al menos al principio era así en mi casa de mis padres, y mucho más en la de mi abuelo, que yo usufructo ahora. Había un aparato negro en el pasillo, de los de disco, bajo una agenda cortesía de la distribuidora Solynieve, que todavía cuelga de una alcayata y dice en rótulos dorados "¡VIVA MADRID!"

El caso es que cambiaron ese aparato tan chulo por uno moderno, blanco, que incluye la opción de contestador. Como yo no uso teléfono móvil esta función me parecía útil.

Pero da miedo lo que se puede llegar a encontrar en el contestador. Cosas rarísimas, surgidas de la más ocura anonimia, que a veces no llegan ni a articularse en un lenguaje coherente, y que en otras ocasiones parecen fragmentos extraídos de otra vida que no es la de uno.

Como yo llevaba una existencia muy desordenada, en ocasiones no sabía si aquellas voces me interpelaban o se trataba sólo de extravíos de mi imaginación desnortada. Durante un tiempo, me llegaron varios mensajes de una señora un poco preocupada porque no contestaba una amiga suya, contaba que la buscaron y no estaba, que habían quedado con otra a tomar el té, o que ya se había pasado a regar las plantas y a dar de comer al gato, que la llamara, por favor. Me tenía angustiado que tanta preocupación cayera en saco roto, como en un limbo, y que aquella pobre viejita estuviese viviendo una ficción tan sólo por haber apuntado mal un número de teléfono.


Lo último que recibí es un mensaje muy misterioso de una chavalita, bastante joven, parece. Empieza el mensaje y se oye un ruido de fondo, como de bar, y un murmullo de decepción (a los cinco tonos mi teléfono activa el contestador y debe de pillar a todo el mundo por sorpresa). De repente, la chavala se pone a cantar: "Esto quiere decir... que me has engañadooo, que me has dejadooo... No puede ser, que no puede seeer". Y cuelga. Juro que no sé quién es esa chica, ni he conseguido averiguar que canción canta, pero no lo hace mal, con un cierto color aflamencado.

Otros mensajes son de auténtico terror. Como el de un vejete, que me hablaba con mucha dificultad, directamente desde las cavernas bronquiales. Se oía: "hijo...", y a lo lejos alguien más joven le iba apuntando como debía seguir, el viejo repetía esa otra voz con un eco cascado. "Hijo... Llámame... Soy tu padre". Sólo eso decía el viejo.

A menudo estoy en casa y oígo claramente cómo me llama el timbre del teléfono, pero no lo cojo. No sé muy bien quién puede estar al otro lado, si es que es alguien, porque a veces callan y a veces cuelgan. Pero claro, me pongo a pensar que si me quieren avisar de algo grave, de una defunción, por ejemplo, no van a usar otro medio que el teléfono, así que a veces me entra la responsabilidad y lo cojo. Así lo hice una mañana antes de comer.

—Hola, majo. ¿Quién eres, el hijo de Julio?—aquella señora parecía que me conocía a mí y a mi familia. Me contó que eran los primos de Albacete (?) y que no habían podido llegar antes.

—Ay hijo, perdona , mi más sentido pésame. Lo siento mucho por lo de tu padre— y yo aquí me quedé unos instantes dudando, en ese vértigo de la orfandad sobrevenida, pero al poco le contesté que no, que creía que se equivocaba.

—No, que somos los primos del pueblo ¿No eres el hijo de Julio, y vivis al lado de la iglesia de San Esteban...— Y todo resultaba coincidir, salvo Albacete: al drama de la orfandad que ya sentía se sumaba el de la familia secreta.

Dudé otro puñado de instantes, dudé y le pedí razón y señal y contrasté los apellidos, y al final resultó que no, que el apellido se parecía mucho, vaya, pero que no, que ese padre muerto no era el mío, que el número de teléfono me pertenecía sí, y también la parroquia que está bajo mi ventana y que acogía los oficios, pero no, era otro.

—Pues vaya, hijo, lo siento, casi mejor así, que no haya sido tu padre.

—Sí, casi mejor así.

Al día siguiente compré el diario provincial y recorté la esquela de ese desgraciado señor que me había hecho huérfano por un ratito.

Anónimo Triste - Primer Premio del Primer Certamen de Pegamines Anónimos

En breve recibirá su billete de Talgo con destino Bilbao-Caserio de Xabi.
A su vuelta, le estará esperando en su correo una invitación para participar en el Pegamin. Nuestra más sincera enhorabuena.