Dejar de vivir de alquiler en la noble Villa del Kas, liarse la manta a la cabeza y meterse en una hipoteca en un pueblo que “aún estando un pelín lejos del centro de Madrid, cuenta con toda una completa gama de servicios y facilidades”.
Una pena que como solo se han vendido cinco pisos (incluyendo el tuyo) y estás en medio de la nada, los “servicios y facilidades” se reduzcan a tener un segurata masturbándose de sol a sol en la cabina que da acceso a tu urba y una piscina que nunca ha visto más agua que el de la lluvia.
El hecho de que la panadería más cercana esté en una gasolinera a quince minutos en coche puede echar un poco para atrás a aquellos habituados a una vida más de barrio.
Por contra es ideal para amantes del cine de zombies y la opción perfecta para aquellos que llevan años planeando el asesinato de su pareja y no quieren correr riesgos.
Porque en Seseña nadie puede oír tus gritos.