como los monos de gibraltar
Mostrando entradas con la etiqueta fraga iribarne. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fraga iribarne. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de agosto de 2010

Cromos y estampas (I)

Se celebraba un mitin de Alianza Popular en Villalba, un pequeño pueblo riojano. Iba a venir Fraga, nada menos, la cabeza visible de la Derecha española. A lo mejor venía porque él había nacido en otro pueblo llamado Villalba, y es que estas cosas son a veces así de absurdas, a lo Bienvenido Mr. Marshall.

Y así fue, todo muy dispendioso. Parecía una boda, una boda grande de pueblo, con su gente vestida de domingo, con sus mesitas, sus croquetas y sus aperitivos. A rebosar. Mis hermanos se perdieron en la rapiña de kases y coca colas, porque había barra libre y nadie vigilaba demasiado bien la trastienda del acto. Yo me quedé atrás y me perdí la fiesta.

Fraga estuvo vibrante, poderoso. Unos grandes pies y una gran cabeza atronante, en contrapicado. Un Gil Robles renovado, más grande, más cabezón, más fuerte, un elefante. Bramaba y convencía, con un acento gallego que arrastraba al electorado a cada final de frase como en una marea centrípeta. Acabó el speech y bajó a confraternizar con las masas. Mis hermanos mayores seguían con su saqueo, y yo me quedé junto a mis padres. ¿Por qué irían a ese mitín? Nunca han sido de meterse en política (Franco aconsejaba: "haga como yo, no se meta en política"). Acudir a ese mitín era "significarse", como decían antes los mayores. El caso es que fueron y hasta hablaron con él, le saludaron, sonrientes todos, y hasta Fraga atendió a mi hermano bebé, le dio jamón york en la boca, me acuerdo de ese detalle. Mi madre muy emocionada, como cuando vio al Dúo Dinámico, y mi padre complacido, todavía joven, delgado y parecido a Omar Sharif, con su bigote. Hay una foto del periódico pegada en el álbum familiar, pero yo no salgo porque estaba abajo, fuera de cuadro.