como los monos de gibraltar
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jueves, 17 de junio de 2010

Viviendas Pegamin XV: La casita en el arbol

Ente quimérico que solo existe en nuestra imaginación y, suponemos, en los jardines de las casas estadounidenses a tenor de su constante presencia en la cultura popular del imperio.

Habitable desde el minuto cero si no consideras incómodo que una rama se te clave en el orto, su construcción parece un prodigio de la ingeniera maderera y una muestra de la perseverancia infantil o del amor paterno. En cualquier caso, encomiable.

La casita o cabaña del árbol suele constar de una sola estancia de espacio diáfano perfecta para la lectura de comics, juego con soldaditos y primeras pajas, especialmente si la cabaña está bien orientada y da a la piscina de la FHM Especial Vecinitas.
Planes de conquista del mundo, quema de escuela o vergonzosos lloriqueos son también bienvenidos siempre y cuando se produzcan en la más absoluta soledad.

El acceso al interior es necesariamente complicado y restringido a varones, aunque se admiten madres asomando ligeramente la cabeza si portan leche con galletas o más tebeos. También se permite en casos excepcionales la entrada de niñas siempre y cuando se haga constar por escrito que se va a jugar a médicos y enfermeras y que no se revelarán detalles del interior de la vivienda una vez finalizado el reconocimiento médico.

Problemáticas en días de lluvia, no se recomiendan como escondite en caso de persecución Jason style o querer criar pájaros carpinteros y/o nutrias y castores.

Ilustres propietarios de casitas en el árbol podrían ser Calvin o Bart Simpson.