como los monos de gibraltar

lunes, 7 de febrero de 2011

Ministerio de Igualdad



En un imperio no vasto, sino más bien pequeño, gobernaba un Consejo de sabios dentro de la tranquilidad de los hechos que asumiblemente se consideraban normales por las normas socialmente aceptadas: robos, violaciones, felonías, estupro y violencia entre los diferentes ciudadanos de aquel reino.

Pasadas unas centurias el reino fue creciendo no geográficamente pero sí en población y los diferentes grupos sociales así llamados fueron incrementando sus actos anteriormente nombrados. La otredad social los juzgaba (socialmente, claro está), pues era el Consejo, mediante el monarca aleatoriamente elegido por éstos, quien decidía sobre asuntos jurídicos y administrativos siempre y cuando no pudieran autorregularlos los propios grupos o entraran en conflicto. Así, este país de ciegos encontró una designación en cada uno de los estamentos que la componían, siendo las denominaciones (adjetivaciones) las que le definirían.

Por orden creciente estaban primero los ciegos acondroplásicos: carecían de poder físico (comparativamente hablando) debido a su reducido tamaño y las limitaciones acarreadas por su estatura les obligaban a dedicarse a las tareas que estuvieran a su altura: los labores de la tierra. Eran un grupo numeroso y sus huertos alimentaban al resto del reino sin ellos obtener nada a cambio (material) que la no coacción física. Todo ello escrito en los renglones del consciente colectivo con la indeleble tinta del miedo, como era natural de suponer.

Luego, el estrato compuesto por los cazadores que eran un poco más altos que ellos se caracterizaban exógenamente por estar cubiertos de pelo por todo el cuerpo. De musculatura formidable, eran hábiles con los artilugios manuales y las armas, por ello también componían la milicia de aquel miasmático paraje, aunque nunca peleaban con nadie salvo, claro está, con los animales que mataban y que conformaban a su vez una representación fálica de su propio yo dentro del sistema de valores y representaciones internamente desarrollado. Su reputación social era más estimada que la de los enanos como era de esperar y sus únicos problemas eran las altas temperaturas que tenían que soportar en verano debido a su perenne hirsutismo.

Un paso más arriba y siempre en una escala establecida por el tamaño en orden menor-mayor estaban los gordos, que constituían el grupo social mayoritario más reducido. Su eterno estatismo les dotó de una astucia sin par en el comercio y una locuacidad capaz de hacerles vender hasta la sangre de sus respectivas abuelitas llegado el caso.

Más arriba aun, estaban los cíclopes, caracterizados por su enorme tamaño, si los comparamos con los demás estratos, y con la facultad infinitamente superior de la visión, que les hacía, a todas luces, los Nureyev del reino. Constituían el denominado Consejo y eran ellos quienes designaban las diferentes políticas sociales y económicas y elegían un monarca que se constituía en la cabeza visible de ese pequeño territorio, a quien comúnmente solía llamarse, naturalmente, el Rey Tuerto.



En cuanto a las interrelaciones sociales colectivas, cabe decir que cada uno poseía su espacio delimitado territorialmente, en lo que se conoció en una época como coexistencia pacífica, tan solo por el mero hecho de mantener el status quo, porque cuanto menos, “los peludos” así conocidos por los demás pudieran haber acabado con cualesquiera de sus vecinos-enemigos. Pero la pereza y la desidia de no poder comer vegetales todos los días les habían llevado a no haber acabado nunca con los pequeños y laboriosos enanos.

Aún así, los enanos eran víctimas de la constante burla de sus vecinos que los increpaban y gastaban bromas constantemente: “inspector de zócalos”, “chichón del suelo” y otras lindezas eran esgrimidas en tono burlón a los enanos desde los guetos de hirsutos. Los enanos, por su parte, gustaban del sarcasmo y la burla ante el estamento más obeso: “bola de sebo”y “bolsa de pedos” eran las denominaciones favoritas que utilizaban contra aquellos orondos comerciantes.

A los tuertos poco les importaban estas rencillas y mucho menos las demás prácticas que dentro de cada uno de los estamentos realizaban dentro de sus propios ritos y costumbres, nos referimos, a las violaciones, estupros y demás prácticas nombradas en el primer párrafo, pues constituían un patrimonio de bien cultural basados en la libertad, y aquella denominación bien bastaba para dejar obsoleto cualquier argumento. Mientras el orden de producción se mantuviera, todo estaba en orden, valga la redundancia.

Hasta que un buen día…

Con el paso de los años, los enanos se volvieron más fértiles y debido a un período de gestación mucho menor al de las otros estamentos se multiplicaron de manera tal que su peso social se fue haciendo más fuerte, lograron que los impuestos al enano se bajara en un porcentaje considerable e incluso llevaron al rey, una propuesta. “Queremos que nos respeten por el solo hecho de ser enanos, no más mofas, no más zócalos, no más… no más”… se escuchó en la sala de audiencias del monarca al que le parecieron retumbarle en sus tímpanos aquellas hilitos de voces tan agudas. El Rey trató de convencerlos de que consuetudinariamente las cosas eran así, y no había porqué cambiarlas. Sin embargo, el poder de aquellos minúsculos seres (siempre dicho esto desde la comparativa objetiva) y el incremento en el consumo y por tanto, necesidad de hortalizas y vegetales lograron convencer al ciclópeo monarca que publicó, a través del Consejo de videntes, un bando en el que declaraba la igualdad entre los distintos estratos. Dentro de la extensa reglamentación consideraba punible la mofa o burla en contra de los seres más pequeños.



Los enanos, consecuentemente, obtuvieron el reconocimiento social demandado y ampliaron su espectro de derechos cobijados bajo la mohosa sábana de la injusta igualdad, igualdad positiva que abrazó a los pequeños seres y dejó a la intemperie a los simpáticos gordinflones y a los belicosos hirsutos que sordamente protestaron por el contradictorio título de la norma y ya de paso, por la norma en sí. En aquel enjambre de significados y resignificaciones se conformaron con un abaratamiento en los costes de la carne de matanza en un acuerdo entre ambos. Pero sobre todo protestaron por aquel jugueteo terminológico, aquella sensación como de haber sido víctimas de una hipnosis mesmeriana.

domingo, 6 de febrero de 2011

viernes, 4 de febrero de 2011

jueves, 3 de febrero de 2011

MAPA DEL PEGAMÍN

Pulsa sobre la imagen para verla más grande, anónimo torpe

miércoles, 2 de febrero de 2011

Iconos pegamin: La vieja del Lidl

Entro en el Lidl y en el pasillo de la verdura, entre tomates pochos y rábanos sucios, me la encuentro de frente.

Lleva un camisón de abuela desgastado, un abrigo verde medio caído y una media cuelga a mitad de pantorrilla. Juraría que calza unas pantunflas rosas. Camina hacia mi y va hablando sola, aunque me mira intensamente. Entonces lo veo.

Una espesa, espesísima baba cubre su barbilla. Nuevos colgajos se suman a la fiesta cada vez que dice una palabra. Cuando me cruzo con ella el tiempo se ralentiza: el frigorífico de los lácteos, al fondo del pasillo, es mi meta pero su cara se gira en mi dirección y vuelve a proferir palabras en un lenguaje extraño. Consigo esquivarla y comprar un yogurt, pollo, lechuga, tomate, calabacín, champiñones, plátanos y pizza congelada.

En la caja me la vuelvo a encontrar. Ha comprado una botella de agua.
Paga.
La cajera dice: Faltan dos céntimos
La mujer contesta algo y llena de babas a la cajera, que ni se inmuta.
Faltan dos céntimos, repite.
Babas sobre la cajera.
Faltan dos céntimos.
Babas sobre la cajera.
Faltan dos céntimos.
Babas sobre la cajera.
Faltan dos céntimos.
Babas sobre la cajera.

Pues a mí me hace gracia...

lunes, 31 de enero de 2011

domingo, 30 de enero de 2011

Vestirse por los pies

viernes, 28 de enero de 2011

jueves, 27 de enero de 2011

Minutos musicales: Waltari



Estaba haciendo un recopilatorio de versiones de Vogue para una amiga y me acordé de Waltari. Habiendo como hay avezados Metalheads en este blog, no me extenderé en el estilo de esta ecléctica banda finesa, pero cabe decir que están en la prehistoria, entre otras cosas, de muchas de las mutaciones que tras la exposición radioactiva de la generación X han devenido en la miríada de la galaxia EMO con todas sus sub-variantes y excrecencias...

Waltari me fascinaron en su momento. Cuando vestía camisas de cuadros de franela y me hacía cosas raras en el pelo. Cuando en esta dimensión provinciano-piscipecuaria mía solo podías estar de dos maneras en el mundo...

Qué tiempos para la lírica.

No sé como llegó a mis manos el primer casete que oí de estos pavos, "Yeah! Yeah! Die! Die! Death Metal Symphony in Deep C", una cosa que me pareció tope 'bizarre' y maravillosamente arreglada, cruzaban música sinfónica con diversos géneros de metal con un gusto y una solvencia técnica que me raptó como solo la adolescencia y la falta de conocimiento pueden.
Me hice fana. Cuando se generalizaron los ciber, mucho tiempo después, pude conseguir los discos anteriores, un totum revolutum que va del punk al Techno pasando por el pop, o el rap más bastardo sin perder un característico y bien asentado fondo metalero reflexivo.

A parte de la gran calidad musical del grupo, fueron un referente personal de estilo en lo tocante a mi querencia por las sinergias y las soluciones impuras.

Ahí os lo dejo

miércoles, 26 de enero de 2011

Twitter: Hoy, el calendario de Monet


He regalado un calendario de Monet, que caiga sobre mi el oprobio y la vergüenza.
Regalar un calendario de Monet es llevar colgado un cartel de "Paleto con ínfulas".
Monet es para mierdecillas que no arriesgan.
Para los que miran con ojos golosos el Big Breast Calendar de Taschen y cogen uno de Van Gogh.
Para los que piensan que el de Cinema Noir está tó guapo pero ¿y si no le gusta?.
Te hubiera regalado el de Portadas Pulp pero vi este inacabable catálogo de nenúfares y...
Son 12 meses, 12 nenúfares, espero que te guste.
Qué bien pinta, ¿eh? ¿Has visto cuantos matices de blancos consigue aquí?
Sí, sabía pintar, vaya que sí, pintaba muy bien.

martes, 25 de enero de 2011

Meanwhile...

Iconos televisivos que condecoran mi ropa interior (V): Tina Fey

A Tina Fey le veo muchas posibilidades en el caso de un Blitz sexual: un aquí te pillo aquí te mato de esos en los que tus huevos toman el control y lo único que quieren es escupir el veneno y replegarse en animación suspendida un par de días. En el campo de lo premeditado, no obstante, del polvo elaborado y programado, de la coyunda previamente fijada, me da que pierde, que es de las que se visten de Christina Aguilera, con la mejor intención, un poco por dar color y un poco por que se lo aconsejó una compañera de curro, y acaban pareciendo lo que son: una cosita monilla y caderona vestida de cortesana, más preocupada en no hacerse un esguince con los zapatos de puta que en crear atmósfera guarrona. Pero, debajo de esa pinta de Jefa de Negociado yo sé que le late un coño en barbecho, agradecidísimo y con más hambre que Dios talento, que se convierte en maëstrolm cuando no tiene tiempo de abochornarse o de ponerse a pensar en la tesitura, en que tiene el culo gordo o los codos nevados por la psoriasis.

lunes, 24 de enero de 2011

domingo, 23 de enero de 2011