como los monos de gibraltar
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lunes, 7 de mayo de 2012

Bares de Madrid V: La Viga (DEP)

Entrada pendiente desde mi llegada a esta hermandad. Nada menos que desde el 10-10-10 y que simboliza mi pereza extrema a la hora de hacer cualquier cosa que no sea levantar una copa con un relleno alcohólico. Y tenía que hablar de él, de su lugar de sus hazañas. Una entrada-mausoleo que aunque nadie vaya a leer (como es normal) merece la solemnidad debida. Espero que la memoria no me falle y logre hacer de este relato algo más que una mera entrada en un blog de mierda como el nuestro. Aunque mejor, y pensándolo bien, no me propongo algo tan difícil de superar, y que sirva mejor como proskynesis a ese gran trabajador de lo suyo.

Escenario de batalla (y batallitas) 


Este as de la restauración (como se dice ahora) se rodeaba de materiales de la más alta nobleza, paredes pintadas de un naranja tirando al ocre, vestigio de frituras ancestrales y mugre acumulada, puerta de cristal amarillo traslúcido que he visto en más de algún baño de piso de alquiler pero que ahora mismo puede servirme para escenificar el sagrado sitio y acrecentar el mito. Diré pues que eran preciosos vitrales que dejaban pasar las últimas gotas de luz y que daban ese aire de misterio y cercanía que permitía al paseante comulgar de forma pacífica con el Grande. Mesas altas, un cartel de un Unirock del año 4 A.C. que no entendimos muy bien que hacía allí: o bien era un sostén de carga del muro o se trataba de la tapadera de algún vórtice siniestro. Poseía el lugar un encanto sinigual con su carta fotocopiada donde no faltaba las hamburguesas y los bocadillos con una mezcla de quesos marca de la casa y una salsa brava supuestamente auténtica. La música sonaba en un loro que funcionaba con casetes, precios acequibilísimos, licores y botellas llenas de roña, alguna cucaracha, la tele encendida en Telemadrid hasta el programa de Dragó, el cartel que rezaba aquí se puede fumar, y su mujer, doña Paulina, que la incluyo como elemento arquitectónico por su pose esfigiesca y su rictus impenetrable a lo Steven Seagal. Los baños, como era natural, estaban desprovistos de papel higiénico lo cual me mereció más de un disgusto en alguna noche de desenfreno. Una suerte que siempre vaya provisto de cleenex por lo que pudiera pasar. Lo que caracterizaba al sitio, no obstante, era una Viga que había desaparecido y que daba nombre al bar, una especie de gesto cínico del siempre trapero destino.


Soy Leyenda 


Alejandro, alma noble logró domar a los bucéfalos clientes a base de copazos, aceitunas en salmuera y panchitos. Con el rigor de su sonrisa y un aire de sofisticación que le daba su genial parecido con el actor Robert Mitchum. Algún hijodeputa decía que era una mezcla entre el mencionado actor, Kirk Douglas, y el enano de twin peaks. Desde el otro lado de la barra no se le escapaba ni media, recordamos la noche mítica en la que un gilipollas le tiró un cacahuete y conoció su fatal destino en la humillación pública. Pese a ser él un ser una mónada de luz, servicial y un gentilhombre donde los hubiera, tenía las tablas suficientes como para dejar en offside a cualquiera que le intentase colar alguna. Como aquella vez que unos vaqueros osaron irse sin pagar sus consumiciones. El bar petado, el loro a pleno, y la banda ya un poco descocada. Los tránsfugas dan unos pasos hacia la puerta. Golpe en la barra. El martillo de Thor. Silencio sepulcral, hasta el puto John Foggerty de la Creedence parecía haber dejado de cantar. El tiempo en standby. El grito primordial: “de aquí no sale nadie sin pagar las copas”. Escarnio ejemplificador, vaqueros acojonados, y a soltar los billetitos.
Se sabía los nombres de todos sus clientes salvo algunos, pero en caso de que su memoria le jugara una mala pasada lo suplía con el clásico gentilicio del personaje en cuestión. Me viene ahora mismo a la mente una anécdota trascendental que creía había pasado al túmulo de los recuerdos, pero sigue viva como si me la hubieran contado ayer. Parece ser que uno de los comensales recién llegado a la capital había sido invitado a pasar por el obligatorio templo de la bebida. Pelotis va, pelotis viene, se le ocurre a uno de sus sagaces amigos una singular apuesta. A priori era bien simple. Debía acudir al local contiguo al bar, y quedarse allí por el plazo de unos quince minutos. Tras el lapso temporal pactado el recién llegado obtendría 50 machacantes frescos para uso y disfrute. Así que hacia allí fue. Se presenta y le atiende un tipo embutido en cuero, que le obliga a sacarse la ropa, o le amenaza con echarle. El chaval aduce que solo quiere tomarse una copa, pero el oso encuerado lo saca al más puro oeste por la puerta. El Copper, lugar mítico a partir de ese momento para quienes oíamos la anécdota caló profundo en el muchacho. La mazmorra que vio parece ser que le afectó enormemente. A juzgar por las fiestitas temáticas que se montan parece más o menos razonable su sentir y pesar. ¿Y la vez que empezó el principio del final? ¿Recuerdan la vez que la policía cargó contra la monada en unas fiestas del dos de Mayo? Alejandro se apuntó a la épica cerrando la puerta, bajando persianas y dejándonos permanecer en el templo sagrado hasta el final de los tiros, los ruidos y la cosa chungalí. Y mientras nosotros nos adobábamos de lo lindo, ganábamos todos. Al final terminamos haciendo un sprint hasta Gran Vía que ni Jessie Owens en los juegos olímpicos de Berlín. A base de copazo, birraza y una sangría con canela que volvía locas a las nenas fue forjando la leyenda. Eso y las típicas atenciones señoriales. Recuerdo como en un cumpleaños sacó de la chistera una cinta que se había grabado ex profeso y se cascó el cumpleaños feliz de los parchis. Sus grabaciones en cintas eran asimismo legendarias. Una ensalada de ritmos bastante AOR a decir verdad, pero ¿a quién cojones le importa música cuando vas pedo, eh? El único puto sitio de Malasaña donde pinchaban con cintas. Y encima se las llevaban los clientes, comunión total, una puta locura. Luego él las cortaba y pegaba a lo Brian Wilson y hacía sus propias grabaciones con grabaciones que los clientes le llevaban. Está de más decir, y con permiso del término a Ender, que el resultado era de lo más aorizante. Como en toda liturgia también había rituales establecidos, la típica canción de la CCR que encendía a Alejandro y parecía otorgarle un poder omnípodo detrás de la barra o la tontería de poner la balada del pistolero cada vez que servía una ronda de tequilas. Ahora mismo, y escrito en un puto blog suenan a mierda trenzada, aunque bueno, como siempre digo, hice lo mejor que pude en su memoria y eso, lastimeramente, nunca suele ser suficiente. Se me viene a la mente la frase que decía aquel dramaturgo: “el público siempre quiere más”. Aunque la verdad, no sé bien a santo de que.


Oremos 


Hace casi dos años que el templo ha cerrado, Alejandro pasó a mejor vida y ahora mismo hay otra instalación sacrílega en el suelo que una vez pisamos, un bar de éstos seudo modernos; y las copas que bebimos nosotros y ahora beben otros saben a nostalgia y jabón de lavavajillas reseco en el cristal. Quizás, y si no han insonorizado el local, al poner la orejita en la pared, tal vez se pueda escuchar todavía algún grito provocado por un azote de la twighlight zone contigua, y con el sonoro excretar de una persona sobre otra vengan a nuestras mentes pensamientos paradójicos, el de un bar que por autenticidad fue un referente de una época de mierda como la de ahora, pero en la que éramos más jóvenes y puede, quien sabe, menos gilipollas.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Allende los mares I: Los angeles negros - Porque yo te quiero

Sí que quizás conozca alguien El rey y yo de esta agrupación chilena. Bueno, tal vez lo hayan hecho indirectamente a través del sampler que hacen los Beastie Boys en The Move (Hello Nasty).Pero también tu pimp favorito, Jay-Z; o Fundoobiest, Cypher y otros tantos se han fijado en ellos, pero vaya, yo aquí he venido a hablar de otra cosa.

Primeramente déjenme decirles que Porque te quiero data del 1968, y fue el primer corte editado por los Angeles Negros y el estreno de Germaín De la Fuente como cantante en disco, ya que la banda se sostenía sin vocalista hasta muy poco antes. Un año más tarde la canción daría su nombre al LP debut de la banda.



Porque te quiero es un canto a la deseperación más sufrida, al penar (que es un palabro de un preciosismo sin par), como nos canta Germain en la última estrofa. Pero qué ganas de trocear la canción como a una mortadela me entran cada vez que oigo esa voz que parece pedir una manta doble que aligere la hipotermia. El comienzo, ya se antoja prometedor con esa guitarra árida, que si no fuera porque ellos son de la provincia de Ñuble, ubicada en el centro de la lánguida Chile, se diría que esta apertura, por lo menos, nació del desierto de Atacama mismo o de algún western molón. Pero no, allí el ímpetu de la guitarra da paso al vibrato del tenor acompañado por las notas duraderas de la "organeta" que no hace otra cosa que rellenar de aflicción el amargo caramelo recubierto por una capa de desolación sin igual que nos regalan los Angeles. Un caramelo, amargo y duro, para chupar y no para morder. Ahí va la primera estrofa:

Porque mi corazon late
mas fuerte cuando te veo
el alma se me agiganta
cada vez que en ti yo pienso
porque mis tan solas noches
se me arrullan en lamento
me doy cuenta que eres tú
aquella a quien tanto quiero

La canción gira más o menos en torno a una especie de dualidad, nacida del amor a alguien e hiperbolizada por la emoción adolescente pero expresadas con términos del siglo de oro más o menos, reminiscencias de un pasado angustioso y febril. O quizás de alguna paranoia esquizoide, que todo puede ser.

Mas adelante, en la segunda y tercera estrofa, oímos:

Porque mi corazon llora
cuando te invade un tormento
y las estrellas no alumbran
tanto como tu recuerdo
porque entre mis pensamientos
siempre el tuyo va primero
y me entristecen tus penas
y me alegran tu contento

Aquí la trasmutación de sentimientos se agiganta (si me permiten que utilice los términos de nuestros Angeles) creo que su estética oscura y atormentada eran todo un adelanto para esa generación de posteriores cry babies, y tontirolis de la lágrima tatuada. Pero hay un cambio en el fraseo de Germaín al llegar la repetición de la estrofa: nuestro tenor amapuchado transmite ese recato a la hora de pronunciar por segunda vez las frases, como si se estuviera grabando al rojo vivo cada una de las palabras que le surgen de la laringe: "me entristecen tus penas y me alegra tu contento".

No somos Los Sonics

La cosa no termina ahí, porque el final es a plena cabalgada, bajando los Andes a todo trapo y sin ecalalas hacia el Pacífico. Un increscendo doloroso que equivale más a o menos al antiorgasmo, pero con una aceleración similar y repleto de épica. Qué de tormentos, habrán pasado éstos (por aquellos tiempos) jóvenes, seguramente, si detenemos la mirada y aguzamos el oído un poco en los títulos de algunas de las canciones interpretadas como Déjenme si estoy llorando, Murió la flor, Mi tristeza es mía y nada más, Días sin sol, Porque no pudo ser, el lector medio del pegamín ( yo lo adivino una cosa como entre funcionario de prisiones cruzado con un personaje atormentado de Corín Tellado) podrá intuir como los Angeles Negros fueron, son y serán la alegría de la huerta de Chile.

Allende los Mares

3 de Mayo de 1493. El papa Alejandro VI promulga, en calidad de representante mediante la gracia de Dios y el poder que el segundo (como representado) le confiere en la tierra media, la primera bula Inter Caetera cuya misión no es más que transmitir la religión a través de las sagradas escrituras y demás patateces en lo que sería una especie de cruzada benigna en favor de los salvajes indígenas despelotados de las américas. Aquel sufrimiento, el del sometimiento, el de la mita, la encomienda y el yanaconazgo, el de las bulas posteriores que esquilmarían las américas de nativos como los atuneros a los atunes en los mares de la nuclear-friendly Japón, se vio reflejado en el extrañamiento y la alienación de los productos culturales del nuevo mundo; en palabras que a través del susurro, el llanto, el desencuentro amoroso, la subyugación sin atenuantes ante la pareja y el resquebrajo de la dignidad nos arrularían en días de lluvia. Por ello, por la carga histórica que conlleva, eximo a sus creadores, que no hacen más que transpasar ese material latente que a partir de hoy iremos entregando en sagas folletinescas en vuestro lugar de expiación favorito.

Quisiera aclarar, que, al contrario que mi compañera de campaña, la señorita Millana, o la hija de puta bollera, como le suelen llamar por esta pulpería, mi idea no es la de generar "cosica" en el oyente sino más bien concienciarlo de una manera más amena, para que se familiarice con el dolor y los acentos post-hispánicos, para que le extiendan un cleenex al cantante de turno o para que se conmocionen ante la pérdida de dignidad por un amor (a veces invocado otras exaltado, o ante las hipérboles vitamínicas o simplemente con las baladas y tonadas que le acercaran a un remanso de paz y redención cuasi-religiosa. O bien que se hundan en un puto infierno de glucosa y melaza, que los oximorones también abundan, como en los mares los tiburones.

Las temáticas a tocar serán variadas y las situaciones a veces les parecerán desopilantes como la política exterior francesa o las chicas licenciosas de los avisos de madrugada en los canales del mal. No se preocupen que en peores nos hemos visto, desde comer techos como hijosdeputa a emanar pestes que no entran en el umbral del olor. Desde mojones existenciales hasta amores puros como los piedrolos colombianos, aquí se verán (y oirán) por obra y gracia de nuestra herramienta predilecta: el youtube (con permiso de la imagen animada en loop y la estática, claro).

Acérquense y vean que el mundo del medio tiempo con tendencia al Ibex 35, la balada tristona, y el bolero arrebolado les harán pasar el rato. Y sufrir, pero solo un poquito y con deje de gustito, como cuando la falange se introduce en el sacrosanto templo pero sin permitir pasar a sus hermanitos del fondo, esos locos metacarpianos. Avisados quedan.

lunes, 15 de agosto de 2011

Minutos Musicales

Ni Rumblers, ni Rumbers, ni pollas; Bing Serrao & the Ramblers: tema instrumental del continente, pescado con curry, selvas vírgenes y ausencia de carreteras que en los setenta ya fueron inspiración para Jim Jones y su templo del Pueblo, un gran fiestorro sin vecinos alrededor donde al final acaban todos como en una de Shakespeare. El disco homónimo que contiene la canción es bastante pedorro pero por suerte sale este aire que con la alegre melodía del steel-pan y la base a cargo de ese hi-hat acompasado a la caja rezongona hace que este sea un puto tema para escuchar tomando cócteles en copa con sombrillita en loop, nunca mojito. La portada del disco y el sonido no hacen imaginar que se trata de algo nineties, sino que remiten mas bien al espíritu oldie de las cosas.

lunes, 18 de julio de 2011

Calypso Craze (II): Juanito se folla a tu mujer

ES TRISTE DE PONER FOTOS Y VÍDEOS haciendo patrocinio Youtube, o de poner comentarios de corta-pega de índole político. O de ponerse furibundo por el exceso de grasas corporales de los escribas de turno alzando el grito dismorfofóbico al cielo de la belleza. Pero mucho más pior es que se follen a tu señora esposa (pero puede también ser feo que lo hagan con tu chico o con tu elemento inanimado u animal de cópula más habitual al que le tengas mayor arraigo; tampoco nos pongamos excluyentes ahora). Pues bien, sobre esto último es acerca de lo que escribió nuestro calypsonian de hoy, don (Frederick) Wilmouth Houdini, The King como se hacía llamar él, el pionero de la diáspora de las islas. Un buen día, Edgar Leon Sinclair (el nombre que el santo barón recibió de sus progenitores) decidió pirarse a hacerse las américas (del norte) y dejar atrás su Port of Spain natal, y se embarcó hacia las frías tierras septentrionales. Allí observó la gran manzana, la mordió y le gustó, fue exótico como una lámpara de aceite dentro de una nevera y cantó y cantó y cantó.



Pero vamos más atrás, que se me olvidan cosas, que este hombre cantaba desde los veintiún años en la bandas de los carnavales, el hito nacional, dentro de las ya desaparecidas tiendas de bambú que fueron reemplazadas por los almagamados recintos de aleación. En la capital del entonces territorio colonial británico era el little red rooster del rancho y le faltaba solo ir con la polla afuera como para darle más sinergia al personaje que se estaba construyendo. Pero no vas a ir a pavoneándote al compás de las oscilaciones del badajo sin ganarte unos cuantos enemigos, ¿no? Da igual, porque los castigó a base de insultos ingeniosos en las múltiples riñas retóricas entre calypsonians, una suerte de proto peleas de gallo de esas que dan bastante penita y risa por lo bajini en el mundillo del rap (pregúntale a alguien de tu crew, que no me quiero explayar demasiado en el tema). Esta suerte de Azatoth del carnaval fue granjeándose un odio cuasimístico entre sus adversarios, cuenta la historia que se cenó en una calurosa tarde de esas de miércoles de ceniza al viejo Lord Executor cuando se metió a todo trapo con su enorme pie en lo que resultó ser su Stalingrado personal. Y fue el puto Rey de las Islas.

Pero fue en su ausencia cuando se le echaron encima los leones. Bueno el león para ser más exactos (Roaring Lion) y el huno por antonomasia (Atilla the Hun) quienes entre otras tribulaciones lo consideraron una especie de vendedor de exotismo ahumado configurado a base de ideas no originales, un muchacho MTV que vende producto manufacturado y que es el desencadenante de lo que vendrá, lo cool, lo trendy. Quizás te suene un poco el asunto del reggaeton por ejemplo, que los procesos de apropiación suelen repetirse en bucle guapo todo el tiempo. En fin que lo acusaron de ser un puto ladrón que encima se folla a tu mujer, como Johnny, el personaje principal de la canción de hoy que les venía yo a contar.

Volvemos a Nueva York, o sea, hacia adelente (me sigues verdad, que si no cuento todo de forma lineal mientras te zampas tus cereales de la K capital) donde el mito se hizo carne, allí fue donde grabó la mayoría de sus composiciones, acompañado en ocasiones de bandas de jazz hasta recalar en el Caribbean Club en los años 50, época dorada del calypso en Norteamérica.

Atrás, atrás: el colega en 1939 se había marcado la una reputación de una grandeza inexorable cuando escribió "He Had It Coming" que popularizaron los negratas Ella Fritzgerald y Louis Jordan en 1945 bajo el nombre de Stone cold dead in the market, una composición que arrobaría a algunas feminazis y justicieros cortahuevos que pululan por el pegamín.

Y será que el tipo no tuvo más composiciones, no, ahí está como un golem criogenizado el Black but sweet, que les ha llegado a los chavales a través del un loop duradero en forma de graníticas convulsiones balcánicas en el himno a esa tierra de nadie que es Bucovina, la madre patria de Stefan Shantel. Y no te hagas el gilipollas, porque la has oído.

Después del éxtasis rítmico probablemente ni siquiera te acuerdes de que mierdas te estaba yo hablando, o quizás todavía estés reparando en que las primeras notas de Black but sweet también se aparecen, de forma palmarias en el rey de la multiculturalidad… sí, acertaste, Manu Chao que en su línea de voz en… ejem, Clandestino parece seguir la melodía de Black but Sweet. Homenaje, plagio desde su tipi en las altiplanicies bolivianas, no sé, me da igual porque he venido a hablar de Juanito, el Casanova de Trinidad, ese gigoló que le susurra a tu mujer y la peina para adentro, que se bebe tu ron antes como si de un ritual se tratara y que en definitiva hace que el mundo siga manteniéndose en su curso. Si lo más probable sea que vayas por la vida escribiendo en tu facebook declaraciones tales como “La vida es una sola… vívela” o “Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad” y que después vengas aquí, con los cojones colgándote como dos higos sempiternos y encuentres la expiación en la descalificación a la subnormalidad hecha blog.

lunes, 9 de mayo de 2011

Por fin juntos (II): psicocountry-homosexual


Para ser homosexual hay que tener cojones, un par de ellos, al menos. Bueno, había, viendo la palada de tierra que impuso el factor tiempo en el (in)consciente colectivo. Había porque en los 50 sí tenías que tener un par huevos en la esplendorosa EE.UU. macartista, sobre todo si tu piel era más parda que la de tus coetáneos, pertenecías al coro de la iglesia y tu padre no le molaba un pelo tus actitudes amaneradas. Ya se saben la historia más o menos, sí hombre, Little Richard, el puto negro que inventó el rock. O casi. Porque esa historia no la escribió él.

En el Greenwich Village de los ´60 manifestaciones afeminadas como la de nuestro anterior icono rockero estaban un poquito más a la moda: tolerancia, paz, amor y drogas mil eran cosa constante entre tanto Bob Dylan y Fred Neil por ahí. En ese batiburrillo neoyoquino, era de esperar algún cocodrilo albino, ese cigoto extraviado transusbtanciado en el cuerpo y alma de don Peter Grudzien, músico enamorado del country y el hillbilly, oriundo del barrio de Queens, ese que los Ramones y la niñera esa convirtieron en estandarte de sus polares causas que no eran ni por asomo la de Grudzien, cubierto por un aura benjaminiana de todito el espectro luz, quien se lanzó a la conquista de la gran manzana a base de patearse cafés como todo un one man band que él era.

Outsider le dicen ahora siempre que se intenta uno acercarse un poco más a su figura, hoy término más desvanecido que una mancha tras el paso de Cillit Bang por un duro debido al cambio de paradigmas, probablemente. O la política exclusiva de algunos. O a la industria musical finisecular. Elija su propia historia.

Peter Grudzien, que en su trayectoria musical no se comió un colín (en la otra unos cuántos, hemos de suponer)que abrió un nuevo género mucho más arriesgado que el sobadísimo marica-rock setentero a la estela de ese camaleón hetero que todos conocemos. Y la gente sin darse cuenta. Pues eso, que con un par de cojones el hombre se plantó ya en los 70 con un discazo marca de la casa a base de country mechado con riffs psicodélicos, efectos por doquier, gilipolleces electrónicas y una voz de barítono que emulaba a la leyenda de su ya perdida infancia: Johnny Cash, el hombre de negro; tanto en fondo como en forma, esa voz a veces susurrante y cargada de reverb (brillo según los gitanos de mi barrio) entona un cántico interminable que pasea por la ya mencionada homosexualidad y la religión sin concesiones. The Unicorn (1974), el primero de su dos discos, recoge quince canciones de los 900 temas que él mismo dice que compuso. Nuestro ídolo de Queens inspiró quizás a otros como el ínclito Glenn Meadmore, quien posee en su haber el honroso título de fundador del cowpunk-gay-christian oriented. Y más cosas que no vienen al caso o que tal vez no me apetecen contar. Elija su propia historia.



En definitiva, lo de Grudzien está, en términos cualitativos, a la altura de lo que otro mariconazo como Truman Capote realizó con A sangre fría untando dos géneros que en el caso de nuestro vaquero se materializa aún más arriesgada por lo quijotesca de la fusión. Un por fin juntos en toda regla: psicodelia, country y temática deliberada y recurrentemente gay. El final es como siempre bastante patético: mientas uno se hundió a alcoholazo el otro quedo sumido en la inopia, dando bolos en los alrededores de se Nueva York y sin biopic hollywoodiense, pero con alguna mención en alguna recopilación de outsider rock así llamado y otro de tonadillas de orientación gay en el cual se recoge el tema que les dejo debajo.

Os dejo, que me voy a comer unas ricas pollas.

sábado, 26 de marzo de 2011

Islas construidas con caquita cerebral

No te metas donde no te llaman es una frase que bien podía haber salido de cualquiera de nuestras madres, un poco en tono de reproche y con un amargo regusto a lefa en su pronunciación, que se sabe de donde venimos.


Sé que con este post tal vez hurgue en la nariz del tiempo y que incluso encuentre un moco gelatinoso, pero de vértices duros, cuya principal función radicará en crear equilibrio y adherirlo a las paredes de esa fosa nasal peluda y escocida de tanta mandanga que es la mente del lector medio de esta santa casa.

Una nariz es un lugar como cualquiera, quizás enorme para un microbio o un protozoo alado, pero pequeña por ejemplo si la comparamos con el resto porcentual de la humanidad que la contiene, más aún si el cuerpo es del volumen de un arcón congelador pero con la temperatura de los reactores nucleares de Fukushima.

La subjetividad en la percepción del espacio según el punto de vista, que es lo que quería decirles anteriormente, ha llevado a muchos a fantasear con su propia isla, no solo por la tranquilidad que ofrece el no tener vecinos, sino también por la reforzadora idea del Robinson Crusoe urbano que cada uno lleva dentro, esa isla de cemento ballardiana que el empleado de banca, funcionario publico o ciudadano occidental de a pie busca reafirmar entre sollozos por la expulsión de un integrante de GH o la estupefacción ante el nuevo catálogo de Ikea.

¿Y porqué no una isla? Un plano cuya dimensión limitada nos permita establecer en nuestro territorio ampliado todo el material sedimentario acumulado durante años en la sesera. Nuestra experiencia vital podría llevarnos a ser un Giorgio Rosa de lo insular y plantar una disco y unos chiringos, establecer tu puto idioma oficial, que para más INRI será el idioma universal del laboratorio (el esperanto, what did you expect?) y así elevar la metagilipollez a paraíso fiscal mode on, y quedarte tan ancho, con banderita naranja, evasión de impuestos y con cócteles a juego con el color de la bandera de tu nuevo propio país. Esta empresa harto complicada podría verse dotada de mayor significación con un acto simbólico como puede ser el establecimiento de un día en el que se rompe el frágil cascarón de la estupidez: el 68, año de la independencia del Insulo de la Rozoj y año de la revolución de a saber qué cojones. Y Garci nombrará años más tarde la fecha del nacimiento de la isla cuando presente una película bastante aburrida de ese año justo antes de acabarse el whisky que dará pie al realizador para darle play a esa obra del séptimo arte que muy pocos estarán esperando a esas intempestivas horas.

Sin embargo, a todas luces parece la obra de un Quijote con propulsión a chorro armado con AK-47 y caballo de metal, más que una obra solidaria la de nuestro Giorgio. ¿Y el ideal y corrector camino de la moral y costumbres fruto de la colectividad? Porque vamos, ser un Capitán Nemo y tener tu isla molona estaría bien, pero la sola idea de vivir en una roca grande es de un escapismo aislacionista que no llevará, en ningún caso, a un final feliz. Te morirás y la puta isla volverá a estar tan desierta como cuando llegaste. Y los gusanos que te recorrerán serán más felices que tú, porque crearán vida en ti ya fiambre y se partirán el culo en tu osamenta. Y será el final de tu microcosmogonía, y tú no quieres eso. ¿Verdad que no?

Por ello, cuando sufras diarrea mental, intenta maximizar las oportunidades y proyecta un final feliz, sino para ti, por lo menos, para los demás, y no hablo de los gusanos precisamente.

Pero ahí estás cagándola nuevamente. Como cuando decidiste volver con tu ex porque se había rehabilitado de su problemita y la/o encuentras al segundo día desrehabilitándose con el butanero, o con tu padre, o inmersa/o en una investigación de lo pansexual metiéndose un rábano en el culo antes que probar el sabor de lo que creías (sólo tú) era un “sweet stick”.

Y si la idea de tener un territorio para ti solo era una absoluta memez, qué se ha de decir de una nueva nación formada por la santa idea integradora de pertenecer a un sexo. El guetto llevado a su máxima expresión, a pasitos del estado de Queensland, en la lejana Australia y constituida sobre los cimientos de un arrecife de Coral. Barra libre de pasaportes por ser maricón o bollera, una reina con el nombre de Dale I y más fiesta que en un fin de semana de nuestro Miguel Agnes. 780.000 km cuadrados de probable arena blanca, y la suntosidad de un himno como el I Am What I Am de Gloria Gaynor… gay-nor, XXDDDD.



Así las cosas el Reino gay y lésbico de las Islas del Mar del Coral explica de manera un tanto deslavazada la idea dicotómica que tenemos los seres humanos de jugar a las casitas, hacer reinos troquelados y dar carácter simbólico a todito cuanto nos rodea. Debido a que en la dichosa micronación no hay nadie viviendo, las implicaciones simbólicas adquieren por tanto del tamaño de un mamut adulto, y a su vez sirven de nutriente representativo a las actividades económicas cuando te topas por ejemplo conque las actividades económicas son la pesca, el turismo y la filatelia. El alto contenido de paradojas no es mucho menor que en cualquier otro estado (no nación, ojito), que nace siempre con la soberana concepción de aunar a unos seres y tocar los cojones a otros (aunque la intención originaria no fuera esa).Y hacia allí partimos con la maleta cargada de dildos fluorescentes y nuestras colecciones de camisas floreadas, o qué creíais, que nos íbamos a quedar en el mismo suelo que pisáis. Habrá fiestas mil, diyeis molones, videoproyecciones con los colores del arco iris-bandera nacional y sobre todo maricones como todos nosotros. Y también vosotros, que entráis por la no tan limpia puerta de atrás del Google y os quedáis en busca de redención o con la pagana ilusión de que por alguna vez tengamos la decencia de redactar con coherencia textual. Eso a vuestro periódico del barrio o a vuestro medio de comunicación de masas favorito. Esto es Pegamín 2000, la Manos: the hands of fate de los blogs, y nosotros los Hal Warren de la cosa, unos vendedores de fertilizantes devenidos en pegamines, los distribuidores de caca de la red.

lunes, 7 de febrero de 2011

Ministerio de Igualdad



En un imperio no vasto, sino más bien pequeño, gobernaba un Consejo de sabios dentro de la tranquilidad de los hechos que asumiblemente se consideraban normales por las normas socialmente aceptadas: robos, violaciones, felonías, estupro y violencia entre los diferentes ciudadanos de aquel reino.

Pasadas unas centurias el reino fue creciendo no geográficamente pero sí en población y los diferentes grupos sociales así llamados fueron incrementando sus actos anteriormente nombrados. La otredad social los juzgaba (socialmente, claro está), pues era el Consejo, mediante el monarca aleatoriamente elegido por éstos, quien decidía sobre asuntos jurídicos y administrativos siempre y cuando no pudieran autorregularlos los propios grupos o entraran en conflicto. Así, este país de ciegos encontró una designación en cada uno de los estamentos que la componían, siendo las denominaciones (adjetivaciones) las que le definirían.

Por orden creciente estaban primero los ciegos acondroplásicos: carecían de poder físico (comparativamente hablando) debido a su reducido tamaño y las limitaciones acarreadas por su estatura les obligaban a dedicarse a las tareas que estuvieran a su altura: los labores de la tierra. Eran un grupo numeroso y sus huertos alimentaban al resto del reino sin ellos obtener nada a cambio (material) que la no coacción física. Todo ello escrito en los renglones del consciente colectivo con la indeleble tinta del miedo, como era natural de suponer.

Luego, el estrato compuesto por los cazadores que eran un poco más altos que ellos se caracterizaban exógenamente por estar cubiertos de pelo por todo el cuerpo. De musculatura formidable, eran hábiles con los artilugios manuales y las armas, por ello también componían la milicia de aquel miasmático paraje, aunque nunca peleaban con nadie salvo, claro está, con los animales que mataban y que conformaban a su vez una representación fálica de su propio yo dentro del sistema de valores y representaciones internamente desarrollado. Su reputación social era más estimada que la de los enanos como era de esperar y sus únicos problemas eran las altas temperaturas que tenían que soportar en verano debido a su perenne hirsutismo.

Un paso más arriba y siempre en una escala establecida por el tamaño en orden menor-mayor estaban los gordos, que constituían el grupo social mayoritario más reducido. Su eterno estatismo les dotó de una astucia sin par en el comercio y una locuacidad capaz de hacerles vender hasta la sangre de sus respectivas abuelitas llegado el caso.

Más arriba aun, estaban los cíclopes, caracterizados por su enorme tamaño, si los comparamos con los demás estratos, y con la facultad infinitamente superior de la visión, que les hacía, a todas luces, los Nureyev del reino. Constituían el denominado Consejo y eran ellos quienes designaban las diferentes políticas sociales y económicas y elegían un monarca que se constituía en la cabeza visible de ese pequeño territorio, a quien comúnmente solía llamarse, naturalmente, el Rey Tuerto.



En cuanto a las interrelaciones sociales colectivas, cabe decir que cada uno poseía su espacio delimitado territorialmente, en lo que se conoció en una época como coexistencia pacífica, tan solo por el mero hecho de mantener el status quo, porque cuanto menos, “los peludos” así conocidos por los demás pudieran haber acabado con cualesquiera de sus vecinos-enemigos. Pero la pereza y la desidia de no poder comer vegetales todos los días les habían llevado a no haber acabado nunca con los pequeños y laboriosos enanos.

Aún así, los enanos eran víctimas de la constante burla de sus vecinos que los increpaban y gastaban bromas constantemente: “inspector de zócalos”, “chichón del suelo” y otras lindezas eran esgrimidas en tono burlón a los enanos desde los guetos de hirsutos. Los enanos, por su parte, gustaban del sarcasmo y la burla ante el estamento más obeso: “bola de sebo”y “bolsa de pedos” eran las denominaciones favoritas que utilizaban contra aquellos orondos comerciantes.

A los tuertos poco les importaban estas rencillas y mucho menos las demás prácticas que dentro de cada uno de los estamentos realizaban dentro de sus propios ritos y costumbres, nos referimos, a las violaciones, estupros y demás prácticas nombradas en el primer párrafo, pues constituían un patrimonio de bien cultural basados en la libertad, y aquella denominación bien bastaba para dejar obsoleto cualquier argumento. Mientras el orden de producción se mantuviera, todo estaba en orden, valga la redundancia.

Hasta que un buen día…

Con el paso de los años, los enanos se volvieron más fértiles y debido a un período de gestación mucho menor al de las otros estamentos se multiplicaron de manera tal que su peso social se fue haciendo más fuerte, lograron que los impuestos al enano se bajara en un porcentaje considerable e incluso llevaron al rey, una propuesta. “Queremos que nos respeten por el solo hecho de ser enanos, no más mofas, no más zócalos, no más… no más”… se escuchó en la sala de audiencias del monarca al que le parecieron retumbarle en sus tímpanos aquellas hilitos de voces tan agudas. El Rey trató de convencerlos de que consuetudinariamente las cosas eran así, y no había porqué cambiarlas. Sin embargo, el poder de aquellos minúsculos seres (siempre dicho esto desde la comparativa objetiva) y el incremento en el consumo y por tanto, necesidad de hortalizas y vegetales lograron convencer al ciclópeo monarca que publicó, a través del Consejo de videntes, un bando en el que declaraba la igualdad entre los distintos estratos. Dentro de la extensa reglamentación consideraba punible la mofa o burla en contra de los seres más pequeños.



Los enanos, consecuentemente, obtuvieron el reconocimiento social demandado y ampliaron su espectro de derechos cobijados bajo la mohosa sábana de la injusta igualdad, igualdad positiva que abrazó a los pequeños seres y dejó a la intemperie a los simpáticos gordinflones y a los belicosos hirsutos que sordamente protestaron por el contradictorio título de la norma y ya de paso, por la norma en sí. En aquel enjambre de significados y resignificaciones se conformaron con un abaratamiento en los costes de la carne de matanza en un acuerdo entre ambos. Pero sobre todo protestaron por aquel jugueteo terminológico, aquella sensación como de haber sido víctimas de una hipnosis mesmeriana.

sábado, 22 de enero de 2011

Calypso Craze (primera parte): Mujeres poco agraciadas

Ugly Woman - Roaring Lion (1934) Escúchela mientras canta leyendo

I'm warning men be wise
In choosing your girlfriends take my advice
There is a lot to lose
For much depends on the one you choose
You like happiness, comfort in life, unity and a peace loving wife?
But that can only be
if you observe my philosophy

So if you want to be happy and live a king's life
never make a pretty woman your wife
If you want to be happy and live a king's life
Never make a pretty woman your wife
All you gotta do is just as I say
Then you would be jolly, merry and gay
That's from a logical point of view
Always love a woman uglier than you
Therefore from a logical point of view
Always love a woman uglier than you.

A pretty woman makes her husband look small
Ah mean, and very often cause his downfall
Soon as she marry there and then she'll start
To do the things that would break his heart
When you think that she's belonging to you
She's calling somebody else dou dou too
Therefore from a logical point of view
Is best to love a woman uglier than you
Therefore from a logical point of view
Always love a woman uglier than you.

But if you make an ugly woman your wife,
You can be sure you'll be happy in all your life
She would never do things in a funny way
Or allow the neighbours to have anything to say
She wouldn't disregard her husband at all
By exhibiting herself to Peter and Paul
So from a logical point of view
Is best to love a woman uglier than you
Therefore from a logical point of view
Always love a woman uglier than you.

Well, an ugly woman gives you your meals on time
And always try to make you happy in mind
At nights when you lay up on your cozy bed
She will coax, caress you and scratch your head
And like a bird call you nice names as "silver beak",
"Toy", "chick" or even "sucrier martinique"
So from a logical point of view
Is best to love a woman uglier than you
Therefore from a logical point of view
Always love a woman uglier than you.

Ugly Woman es una composición creada en el año 1933 por Rafael de León, más conocido él por su nombre de guerra; sí, exacto, Roaring Lion. La descacharrante canción, que no necesita demasiados preámbulos proclama la infame vida de quien se deja llevar por el continente procurando la atención, por tanto del contenido de la mujer. Porque seguramente tiene que molar mil que te digan cosifiquen con denominaciones tan chifladas como pico de plata o juguete.

Desde que vio la luz en 1934, cuando la mayoría de vuestros padres ni siquiera eran una gota de lefa, se convirtió en un hit en el país que la oyó por primera vez, Trinidad y Tobago (en ese momento todavía colonia británica), ya casi desde su nacimiento en lo que hoy sería probablemente llamado un “temazo colega”.

Como muchas veces en la vida misma sucede, el dulce éxito primigenio va edulcorando a agentes exógenos que dejan en la amarga ignominia al creador y encumbran en una montaña de melaza a quienes injustamente se llevan el reconocimiento: General Electric chupando el vibrador (eléctrico) de Edison. Este axioma podemos aplicarlo, cómo no, a las tonadillas que más nos arrebaten, particularmente a esta que hoy aquí nos reúne. Aunque re-interpretada por numerosos músicos y artistas, son notables los covers que de ella se hacen: desde el honorable Duke of Iron, hasta Macbeth, todos ellos calypsonians de pura estirpe, que como nuestro querido Lion probablemente iban engalanados dentro de unos estilosos y holgados zoot suits.

Durante los años ´40 y ´50 coincidiendo con la expansión de esta popular música, el éxito fue considerablemente in crescendo llegando a ser este tema parte de un musical en la voz de Sir Lancelot, quien lo interpretó, según parece, con cierto éxito en la hollywoodiense Happy Go Lucky de 1943 en el que oportunamente el caballero ejecutaba el papel de cantante de calypso. Incluso hay una versión que no he encontrado en nuestro segundo entretiempo favorito (el youtube, el primero son las pajas, naturalmente) del Ministro del Nation of Islam Louis Farrakhan, también conocido como Mighty Chamber, también conocido como Eugene Walcott, también conocido como Louis X (léase equis). Pero a la memoria nos viene, la versión que realizó el queridísimo Robert Mitchum en su primer y genial álbum Calypso is like so (1957) ya muy avanzado aquella moda que tuvo el nombre Calypso Craze, así en cada fiestuqui o reunión o película te clavaban un Calypso o un Limbo mismamente, así como hoy nos comemos un Bustamante o un Pitbull. Pero el hilarante imperialismo colonial estadounidense ayudaba no sólo a los países menos favorecidos con una base militar molona como la que por aquel entonces se ubicaba en el puerto de Chaguaramas en la isla de Trinidad, sino que además consumía tus artículos con solidaridad encomiable previamente manufacturados por ellos mismos (ese DIY guay) y no sólo eso, y aquí se nos dibuja una sonrisita en la cara como cuando sentimos el chorrito del bidé saludándonos con su líquida presencia, cuando vemos una expresión de cooperación como la de fabricar tus propios productos culturales (copia del original) para luego devolverlos al mundo como idea original (aunque copia), y digámoslo, haciendo un favor a quienes no pueden publicitar ni vender ni expandir sus propios productos culturales. Esas petroleras guapas, esas macro empresas de viajes, ole, ole…

Ahí está la remozada versión twist del tema que nos ocupa, de mano de Jimmy Soul, y que sea, quizá, la más popular versión de las quiticientas que por el éter hay dando vueltas y cuyo nombre fue cambiado de la a priori menos buenrrollista Ugly Woman por la de simpática If you wanna be happy. Que la versión sale en una peli de Cher tronco y da como un subidón que no veas. Lo propio ocurre con el nombre de la canción original al pasar al mercado estadounidense en el álbum ya nombrado de Mitchum, en donde el tema adquiere en su titulación tintes reflexivos: From a logical point of view. Como si Ugly Woman no anticipara un buen tema, como si Rafael de León no la hubiera escrito jamás ni cantado en las carpas de bambú en el eterno verano trinitense. Ninguneado y bastardeado, como un hijo del culo.

Unos 87 años después (año más, año menos) el héroe patrio español, David Bisbal hace suya la frase todo tiempo pasado fue mejor con su libertina interpretación (que estamos en democracia, oyes) para una conocida marca de de crema untable a base de cacao que si ya había alcanzado cotas bastante grandes de estulticia con su anterior campaña en la que unos niños cantaban ese if you wanna be happy que daba un sentido bastante perverso a todo, con esta se subió al Olimpo de la idiocia. Pero qué te voy a contar de los próceres vivos si el andalú ya se encargó de suprimir la vida de la preciosa balada the sun ain´t gonna shine anymore acuchillando las estrofas con el arte preciso de un jamonero manco (o ciego). Typical Spanish chaval.

Y ahora a sufrir, hijosderemilputas:

miércoles, 12 de enero de 2011

La sala de espera

"Acércate. Acércate más, huele esto de aquí: tenemos quince años, tenemos dieciséis años, tenemos diecisiete: y aún, querido, no damos asco". Luna Miguel, eterna lolita
"¿A que te gusta la franela?" Don Julito, eterno joven
[…] -Aunque, por otro lado, tengo la sensación de que nunca fuera a morir. A veces pienso: “¡Eh, viejo carcamal, ya es hora de morirse!”. Pero una vocecita me dice: “¡No te creas, no morirás!”-. Antón Chéjov, eterno muerto.


El decorado premonitorio de cabezas de animales muertos de caza, con su cornamenta incluida, no presagiaba nada bueno para aquel hombre. Pidió su café con leche en vaso y se largó dejándolo a la mitad.

Al llegar al ambulatorio, aún podía saborear la última colombiana que había encontrado en la calle Montera traída a su paladar por el regusto de aquel café rancio que seguramente ya estaba viajando por las tuberías del desagüe que irían a parar donde todas las mierdas de los madrileños, imaginó precariamente. Ya no había colombianas en las esquinas, pues el mercado había sido conquistado por integrantes de la nueva y renaciente Europa.

El hombre agachó la cabeza ante la entrada de las enfermeras y doctoras del ambulatorio dentro del mismo elevador y subió con ellas hasta el cuarto piso, aunque dos de ellas se quedaron en la segunda planta, en la cual se encontraban los laboratorios y las salas de extracciones.

Luego se sentó y esperó en la sala de espera, cuyas sillas (de espera) estaban abarrotadas por numerosas personas de la tercera edad como él. Cayó en la cuenta de que había huelga aquel día y que probablemente tardarían en atenderle más de lo acostumbrado y dedicó su tiempo a la contemplación de aquello que le rodeaba. Sin embargo, un pensamiento seguía machacando su ya reblandecido cerebro, y era aquel cornudo animal, que lo miraba taxidérmicamente en el bar. Ello le llevó a pensar inevitablemente en la muerte. Y como cada día pensó en ella y la vio en cada una de las cosas que le rodeaban. La vio en los suelos de imitación de mármol gris de la cuarta planta, en las baldosas grises de la pared, y en las placas del cielorraso. Incluso en la desinflada voz de la doctora que le avisaba que iba a tener que esperar un buen rato.

Se sentía muy cerca de la muerte, viejo como un coche que no pasa la ITV, con todos aquellos carcamales rodeándole y teniendo conversaciones seniles.

- Que sí mujer, ahora hay una tienda de frutas ahí.
- No, allí venden melocotones, albaricoques.


Pero él era parte de aquello, una célula de ese amorfo conglomerado pluricelular, los olvidados, los que cuidan de los nietos, los pre-muertos. “Los pre-muertos” dijo en voz baja mientras la señora de la frutería, Doña Rosario, pelaba una clementina y recitaba los beneficios de la misma a su interlocutora. Se levantó de la silla y se puso a caminar, mientras barría con la mirada a cada uno de los pacientes. Fue del pasillo hacia la sala de espera principal y allí comprobó que si sumara la edad de cada uno de los que allí estaban probablemente llegaría a 4.000. Más de los años que la Historia tenía, reunidos en una sala de espera de la muerte. A diferencia de la Historia, en esos 4.000 años reunidos en el ambulatorio no había probablemente una historia decente. Ni una reseña siquiera. Allí alargaban la vida como si de un empalme de cables se tratara, mecánicamente. Aliviaba sus aciagos pensamientos lo que iba a venir inexorablemente: el descanso eterno, ¿el camposanto? Ni pensarlo; a él ni eso, lo cremarían y lo tirarían al Manzanares para que se lo comieran los peces como mucho.



La voz de la doctora interrumpió su actividad introspectiva y señalaba con su dedo índice al señor que se sentaba junto a nuestro reflexivo hombre:

-Tereso, Ud. es el próximo.

Y aquel señor de barba que se levantó no sin dificultad sosteniéndose el hígado con la mano izquierda, entró a la consulta.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Más minutos musicales: Yura Yura Teikoku

Trío de nipones a los que conocí a través del compañero de piso de mi hermano en Londres justamente con este youtubazo. El cabronazo, oriundo también de este país, sólo sabía decir maricón y puto en español, generalmente dirigidos en forma de hilarante ofensa a su otro compañero de piso polaco que no se enteraba de la jugada.

Riffs filosos, ruido, psicodelia, un cantante estrábico, un bajista convencido de ser la reencarnación de John Entwistle y no sé cuantos álbumes de estudio desde 1989.



Nota para los amantes del bajón y amigos de la lágrima y del terror (literal) musical: en el 2005 publicaron una versión de la siempre vital Frankie Teardrop

jueves, 25 de noviembre de 2010

Canciones que dan cosita (IV): buenrrollismo

Las expresiones populares son a veces la semilla, la anticipación de tiempos (mayormente peores) venideros. Cantantes, poetas y otros bardos preparan al receptor sobre los futuros movimientos telúricos.

Ya en los noventas alguno se dejó rastas y condicionó su futuro capilar, pero no fue hasta el comienzo de la centuria cuando tus membranas timpánicas vibraron con el movimiento del aire al son de “Me gusta la cena, me gustas tu/ Me gusta la vecina, me gustas tu/ Me gusta su cocina, me gustas tu/ Me gusta camelar, me gustas tu” que elegimos al azar para una mayor insatisfacción intertextual, aunque en realidad cualquier estrofa del abanderado del movimiento que hoy nos ocupa hubiera causado el mismo placer antiestético.

Se había parido un nuevo ser de padres desconocidos, Jane Does de la vida que como buenos hijos de probeta poseen una angustia vital que los exaspera y que en su incesante búsqueda de identidad generarían una vasta cantidad de malformaciones que fueron traduciéndose en literales aberraciones musicales que hubieran dejado turulato al mismísimo Mendel y hubieran mandado a tomar por culo todas sus leyes. Nos lo imaginamos con el Ipod escuchando a unos Canteca o a un Melendi mismamente y bebiéndose a posteriori un refresco a base de polonio para calmar el trauma.

A partir de ahí, un millón de cromosomas dispersos que incrementaron el buenrrollismo musical, la buena onda intercultural y la deslocalización multinacional. Y ahí estamos dándole todo el día al pulgar del Feis o de los comentarios de tu periódico digital favorito, que lejos de ser acusador nos trasmite seguridad. El otro es el índice.

Es que todo mola, mola mola…

martes, 2 de noviembre de 2010

Versus barrial

Ayer, yendo a casa de un amigo en Embajadores me encontré en el transporte público de masas a dos yonquis de cuadro sentaditos en pleno diálogo mercantil. Dos carcazas de piel a sus osamentas pegadas, con esa decadencia que brinda el abuso de la heroína y el crack, con un hilito de voz que en sus vanos intentos por subirla cada vez que el tren se metía en un túnel hacían estéril ese esfuerzo reflejado sólo en sus gesticulaciones, lentas como las de un camaleón.

Estos personajes, iban obviamente a Embajadores y desde allí a su páramo, su Banhoff Zoo del siglo XXI (¿adónde va a ser? me contestó una vez un conductor de aquellos bugadrogas una vez que caminaba yo distraído por los alrededores de la Calle Sebastián Elcano, ante mi respuesta de dónde a su anterior pregunta, ¿vamos?).

UNAS HORAS ANTES
Me levanto y leo lo siguiente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/alcohol/danino/heroina/crack/estudio/britanico/elpepuint/20101101elpepuint_3/Tes



Y me acordé del borracho de mi barrio, un tipo henchido a base de néctar cervecil, que se le ve ya temprano con una San Miguel de medio litro, un envase más decente que la Mahou de litro que llevaban los semivivos del tren. Que pasea entre los laberínticos caminos de las urbanizaciones, que da charla a la gente. Que se junta con algún otro borrachazo a resolver crucigramas al sol y que dota de un color al barrio que no te lo da ni un niño subnormal paseando un gato con correa; ya sea con su extensión corporal más conocida (la ya nombrada San Miguel de medio litro) o con su feliz presencia en los bares aledaños a la colonia San Ignacio de Loyola atusándose el poblado mostacho.

El borracho superaría a esos lastimosos del tren con una mano atada a la espalda. Que los otros dos daban pena de solo verlos, las manos mugrientas (como todo el cuerpo) y el rictus como manifestando clemencia, pero no me representé muy bien si para vivir un ratitito más o para morir lo antes posible.

domingo, 10 de octubre de 2010

Entropía en calle Toledo

Este verano, en un intento por hacerme el étnico y preparar un tabulé caí en que no contaba con perejil fresco ni suficientes tomates. “Tendré que bajar al cajero, sacar dinero e intercambiarlo por esos productos en el establecimiento magrebí que queda frente al banco” me dije a mi mismo con convicción castrense. La operación no podía tardar más de cinco minutos si incluimos que debía cubrir mi torso con alguna camiseta.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno, planta baja. Estoy a unos pasos de salir, toco el timbre que da acceso a la salida y me dirijo al último pórtico, el que me permitirá ver los últimos rayos de sol de aquella infernal tarde de calor. Madrid está precioso en esta época del año, chicas con escotes inundan sus calles y los ancianos se esconden del sol en sus casas. Giro a la derecha y veo una pareja de espaldas. Ella: micropantalón vaquero, tan a la moda en estos días apretado como matambre a sus poderosas piernas de afrodita de la cubierta de Leganés. Plataformas himalaya y pelo cortado hasta la altura del cuello, un auténtico ejemplar de hembra que imagina uno le hacen perder varios kilos de peso a puro movimiento pélvico. A su lado y sosteniendo un cigarrillo, su pareja: esmirriado, pelo corto, y unos diez centímetros más bajo que ella a causa de unas plataformas que acentuaban más las diferencias (físicas) entre uno y otro. Mientras trataba de imaginármelos en el cuadrilátero y tan sólo a veinte metros de comenzar mi marcha una chica negra con piercing en la nariz que no tendría más de quince años interrumpe mis pensamientos de sexagenario depravado solicitándome un cigarro y le contesto que no fumo, que la salud, que cómo está la juventud… Como si de un pájaro de mal agüero se tratara la niña-cuervo, los malos presagios surgieron en forma de maldición urbana, a partir de ese momento mis sentidos comienzan a percibir el cambio hacia un micromundo entrópico, la hecatombe, la debacle…

Diez metros más y entro en el cajero, que resultó ser el domicilio de una persona que por razones que desconozco no se presentaba en su domicilio. Tenía el salón un poco desordenado la verdad: una botella de medio litro de fanta naranja y otra de coca cola vacías, naturalmente, y que harían las veces de mingitorio; dos paquetes de cigarrillos estrujados, un Lucky y un Camel y unos cuantos cartones desparramados además de unos plásticos circulares aplastados que tenían pintas de inservibles. Parecía ser que el propietario del cajero, aprovechando el estío como buen capitalista de bien había tenido la iluminada visión de reformar el pisito quizás con la ilusión de poder rentabilizarlo a partir de septiembre ahora que llegan los estudiantes a Madrid: había un agujero del diámetro del culo de Jennifer López en la pared de durlock o cartón piedra, que viene siendo lo mismo, circunstancia que me terminó de asustar y salí a paso ligero del cubículo con el rabo entre las patas, una ricitos de oro lúcida tras haberse metido una raya de speed y que escapa de la casa de los osos a tiempo.

Apuro el paso para cruzar a la frutería y un BMW descapotable alojaba a un negro imponente, traje negro (apuesto a que llevaba zapatos de lagarto), calvo y bañado en oro de imitación que con un acento centroamericano le dice a su interlocutor a través de su I-phone: “No te preocupes, yo lo arreglo brothel”. El terror, las pelotas empiezan a rezumar cada vez más y el culo se une a la barra libre de las glándulas sudoríparas. Ni bien piso la acera de enfrente se acerca a mi una estampida de adolescentes con pintas de provincias ataviados con accesorios de cotillón y liderados por un macho alfa campeón de subnormalidad en su pueblo que las coordina con un megáfono: “alcohol, alcohol, alcohol/ hemos venido a emborracharnos […]”



En el momento en que ya estaba dentro de la tienda y las voces y cantos juveniles se iban difuminando, me acerqué a la puerta otra vez y allí estaban de espaldas, todas vestidas de blanco y siguiendo al unísono a su particular Ferdinando que las arreaba a paso ligero y con voz de tenor amateur, de castrati postadolescente vestido con mallas aleopardadas con un determinante gusto por lo negro y el degradé hacia los grises, todo ello culminado con una cabellera larga y alborotada, como de integrante de Poison (¿?). Salí corriendo del establecimiento amigo, desandé el camino andado y me fui a esconder en mi madriguera.



A la mañana posterior, ya no había ni rastro de indigente, ni utensillos de salón, y el agujero de la pared estaba cubierto con uno de los cartones-cama. Me sentí pequeño, como un enano adolescente. Una vecina, unos días después, me contó que la policía se lo había llevado en un furgón policial tras haber montado un arriesgado dispositivo, que los okupas son cosa peligrosa, los protozoos del terrorismo.

viernes, 8 de octubre de 2010

Superhéroes y alcohol

"El alcohol es malo, pero el agua es aun peor: !te mata si no bebes!"