12´30 h. Paseo Federico García Lorca, Vallecas Villa (antiguo Pueblo de Vallecas).
Interior bar. Camarero aburrido pule la barra con ginebra chunga. Abuelos de atrezzo. Tapas revenidas. Televisión a tope. Penumbra.
El microclima del bareto está cargadísimo. Se avecina tormenta interior. Creo ver relámpagos y nubes tormentosas entre los azulejos con aforismos: "Hoy no se fía, mañana sí", "Viva er Beti manque pierda", "En casa mando yo...con permiso de mi mujer". La garrota con la leyenda "Libro de reclamaciones" brilla con un resplandor ominoso, ajeno a la pátina espesa de betún de judea o barniz sapelly que da forma a su exoesqueleto. Si las cachabas de adorno de los figones mugrientos españoles las hicieran los elfos de los Puertos Grises su brillo nos avisaría de que una criatura de Mordor anda cerca. Mi acompañante y yo nos descubrimos jadeando, ansiosos y angustiados. Un mal presagio nubla nuestras mentes. Las cañas, abandonadas a su suerte y sin tocar, han perdido presión. La entropía se hace fuerte en las salchichitas de cocktail que el camarero nos ha puesto de tapa. La humildad del producto contrasta sobremanera con la pomposa ceremonia con la que el profesional nos ha ofrecido su holocausto con ketchup, como si fuéramos dioses aztecas y en el platito reposara el mondongo de su hija la mayor. Aunque la mañana está fresca nuestras frentes están perladas de sudor. Sonrisas tensas. El brillo de la garrota se torna resplandor. Las bastas letras parecen refulgir. Imagino que si la arrojara al fuego misteriosas runas ardientes revelarían una profecía. En la tele la imagen parpadea. Mi corazón late desbocado. "Ya llega", dice mi acompañante. "Ya lo sé", contesto, "pero quién?". Se abre la puerta. Una figura se recorta, en negro, contra el resplandor.
Camarero: buenos días, Luis
Sujeto: qué tal
Camarero: cómo siempre?
Sujeto: sí.
Una criatura fantástica se ha hecho carne. El hombre que cayó a la Tierra. Una mezcla entre la Emperatriz Infantil de Fantasía, Lauren Postigo y Manolita Chen. El Gemelo Perfecto, la Emperoratriz de El Incal, un ser entre dos mundos. El andrógino perfecto. Un algo calcadito a Lauren Postigo, de avanzada edad y pelo exactamente igual a la del genial comunicador pero en rubio agua oxigenada. Honrados y humildes zapatos negros sin cordón, el molde en símil piel de unos pies estragados por los juanetes. Enfundando, como una segunda piel, unas piernas finitas, los vaqueros lavados a la piedra. Alrededor de un generoso abdomen (que en comunión con las patitas finas crean el simpático efecto fisonómico "pollito", un hit en cualquier playa en tiempo de verano, junto con las tetas de hombre, los tatus talegueros o los pelos en la espalda -el "efecto alga"-) un jersey standard, de pico. Es en la marmórea cabeza donde la confusión y el glitter se hacen fuertes. En una cara de camionero septuagenario vive el espíritu de Jobriath, de Bowie, de los Berlin Brats: unos morros pintados en rojo imperial, una sombra de ojos verde mar, con unas pestañas larguísimas y trufaditas de Rimmel London. Para rematar dos magníficos pendientes en cristal de strass, colgantes, de odalisca.
La desazón es fuerte en mí. Es como si esta criatura se hubiera escapado del laboratorio de un científico nazi donde cosieron la cabeza de Florinda Chico al cuerpo de Angel de Andrés López. Nada de ropa de fantasía, nada de zapato de mujer constriñendo un pie femenino atrapado en el pinrrel de un obrero de la construcción. Ni un mísero foulard de fantasía que amaricone el conjunto y nos tranquilize ubicándole en un standard ya establecido en nuestra cabeza. Ni unas uñitas pintadas que nos haga imaginarle en bata china dando grititos a sus chihuahuas. Por supuesto, nada de pluma. Ni un "oyessss", un "cerdi" o un triste "qué harta estoy de todo"...voz profunda, deje hetero y pinta de que la única crema que consume es la de calabacín. Un ser mítico que se toma un chato (yo esperaba un Daikiri o un té rojo, un Shirley Temple, qué sé yo) de vino español, tapa recia y, con la cabeza gacha del currante no cualificado, se prende un cigarro de medio lado. Mi cabeza, necesitada de normalizar (en el sentido de estandarizar, ojo) la vivencia deseaba que Luis echara mano de un More o, al menos, un cigarrito en boquilla larga, en carey, de vamp, algo exótico y con glamour, algo que combinara con su cabeza de diosa en cuerpo de mortal. Quiá. Tabacazo negro. Ducados, creí suponer. Smell of Female. Qué maravillas no nos depara el destino, pensé.
Yo ya he visto mi unicornio, mi rayo verde, mi templo maldito.
Lipstick salvaje, arrodillóme.
Fin.