
La esquizofrenia encarnada en un ser adusto, muy mal vestido y borderline. Pocas veces el ying y el yang han estado tan mezclados en un solo ente: servilismo y desprecio emanan del compañero taxista como zarcillos dibujados por un Jack Kirby. Qué gremio, amigos. Todo el día quejándose de cómo va el país, como candidatos de Manchuria con un lavado de cerebro de la Cope, machacando al personal, colapsando Madrid con unas piruetas que ni las Fuerzas y Cuerpos de SEguridad del EStado, y, a la vez, siendo los Luis Candelas del Transporte, haciendo unos Tours por Illescas a los pobres japoneses que alucinan viendo tanto descampao y arenero, campos en barbecho y alibustres chungos en lo que ellos piensan que es la periferia de Madrid. Malhablados, perdonavidas y con respaldos de bolas ergonómicas que no solo no les alivian las contracturas sino que consiguen ponerles de más mala hostia. En su cabeza, non stop, un Cineshock privado proyecta, en sesión continua, dramones en los que salvan España, el FMI y hasta la puta galaxia, como el Ultimo Starfighter pero en un Skoda Octavia, el Tie Fighter del Gremio.