como los monos de gibraltar
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viernes, 20 de mayo de 2011

Pegamín se autobserva



Por una presencia omnípoda del pequeñismo mental.
Dedicado especialmente a Ender y a A. Triste.

martes, 14 de septiembre de 2010

Killed by Pegamin XXI: Desde mi ventana (II)

Hoy he visto desde la ventana cómo atropellaban a un señor. Desde mi comedor se puede contemplar perfectamente una de las calles principales que llevan al centro histórico, una calle trufada de pasos de cebra anacrónicos, que algunos conductores no respetan. Pero este paso de cebra que estaba yo mirando está bien escoltado por dos semáforos, y aún así han embestido al señor.

Era un hombrecillo bajito, tripudo, de piernas cortitas y saltarinas. Una de esas personas que son graciosas de por sí, por su propio cuerpo, como los dibujos animados y los muñequitos. Aunque no hagan nada especial y las miremos de lejos, son más personajes que seres humanos y dan siempre la chispa del guiñol. Así le he visto, como un Don Perlimplín, a través del marco de mi ventana. Parado, esperando la luz verde del semáforo bajo el lorenzo del mediodía, quieto como una estatua de trapo, solo en la calle y náufrago del asfalto. De repente, ha pasado un coche de la Guardia Civil y el hombrecito ha movido la cabeza mirándolo, y súbitamente se ha cuadrado a su paso, haciendo el saludo un poco torpón. Quizá emocionado por el encuentro, quizá recordando los días de la mili, ha empezado a cruzar la carretera. Yo ya sólo lo he entrevisto por el rabillo del ojo y entonces se ha oído un ruido sordo y un frenazo y cuando he vuelto la mirada el señor ya estaba fuera de cuadro. Sólo se distinguía una pierna y, un poco más allá, un zapato que se le había soltado.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Killed by Pegamin XX: Desde mi ventana (I)

A mí todo esto de Al Qaeda y el terrorismo y tal me da que pensar. A lo mejor soy un poquito paranoico, puede ser, puede ser, pero me parece raro que unas personas tan malas que tienen tantas ganas de matar no lo hagan más y más a menudo.

Se supone que estos terroristas son personas que sólo viven para el mal y para matar infieles, y que sólo la competente acción internacional y policial les frustra en sus objetivos. Pero no sé, porque a mí siempre me ha parecido que matar es muy fácil. O sea, yo ahora me asomo por la ventana y tengo abajo ahí en el banquito a unos chavales, que están de verdad ahora, ahí mismito, así como reposando el verano. Pues nada, si yo quisiera ahora mismo lanzaba una jardinera por la ventana y les abría la cabeza. Que da miedito pensarlo, ¿eh?, lo fácil que es hacer el mal. Me ha venido la idea y con ella un escalofrío, como una cosa así de repeluzno y de vértigo del libre albedrío. Un segundo de locura o de mala uva y pum, dos muertos.

O sea, que estaríamos indefensos ante la verdadera intención homicida. Y que no haría falta tanta tecnología, ni aviones, ni pistolas, ni infraestructuras, ni aparatos logísticos ni nada de nada. Sólo unos cuantos musulmanes con sed de cruzada, asomados a un balcón, que dejaran caer un geranio. Así de sencillo, así de tonto. Un montón de moros malos coordinados para lanzar tiestos por la ventana tal día y tal hora. Sería una noticia de alcance y digna de verse. Pero claro, una cosa así dejaría a la gente muy loca, confusa y con disonancias cognoscitivas graves, y ya nadie creería en el Orden ni en la Ley, ni siquiera en la Selección Española.
Así que seguirán los miedos a las bombas, seguirán los penitentes descalzos de los aeropuertos y aquí paz y después gloria.