como los monos de gibraltar
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martes, 14 de septiembre de 2010

Killed by Pegamin XXI: Desde mi ventana (II)

Hoy he visto desde la ventana cómo atropellaban a un señor. Desde mi comedor se puede contemplar perfectamente una de las calles principales que llevan al centro histórico, una calle trufada de pasos de cebra anacrónicos, que algunos conductores no respetan. Pero este paso de cebra que estaba yo mirando está bien escoltado por dos semáforos, y aún así han embestido al señor.

Era un hombrecillo bajito, tripudo, de piernas cortitas y saltarinas. Una de esas personas que son graciosas de por sí, por su propio cuerpo, como los dibujos animados y los muñequitos. Aunque no hagan nada especial y las miremos de lejos, son más personajes que seres humanos y dan siempre la chispa del guiñol. Así le he visto, como un Don Perlimplín, a través del marco de mi ventana. Parado, esperando la luz verde del semáforo bajo el lorenzo del mediodía, quieto como una estatua de trapo, solo en la calle y náufrago del asfalto. De repente, ha pasado un coche de la Guardia Civil y el hombrecito ha movido la cabeza mirándolo, y súbitamente se ha cuadrado a su paso, haciendo el saludo un poco torpón. Quizá emocionado por el encuentro, quizá recordando los días de la mili, ha empezado a cruzar la carretera. Yo ya sólo lo he entrevisto por el rabillo del ojo y entonces se ha oído un ruido sordo y un frenazo y cuando he vuelto la mirada el señor ya estaba fuera de cuadro. Sólo se distinguía una pierna y, un poco más allá, un zapato que se le había soltado.