Nunca fue más necesario lo de "vive rápido y deja un bonito cadáver".
Los agüelos del r'n'r.
Mallas de leopardo y pañales de adulto hacen mal maridaje.
Por un show-bussiness libre de viejunos.
La arruga es fea.
Coge un palo y únete a mí en el linchamiento de los estrambotes más veteranos de la música popular.
John Cooper Clarke
El poeta del punk. El Dylan del 77. El Bardo de Saltord. Muchos y variados epítetos para este mancuniano (él mismo se refiere himself como "el hombre tras el estilismo capilar". Feo, añadiría yo) nacido en Saltford, en el centro de Manchester allá por el año 49 del siglo pasado. Echen cuentas. 60 primaveras inglesas haciendo el indio y ahí sigue, más tieso que un ajo aún después de haber sobrevivido a cientos de compañeros de viaje del punk, a una adicción a la heroína y a Nico, quizás lo más peligroso de esta tríada de amenazas para la salud. Poetastro, performer, de los de charlón (suena infinitamente mejor lo de spoken word, lo sé), Cooper Clarke es un personaje curioso. Estéticamente, cuando joven, era una extraña mezcla entre Robert Smith y el Dylan eléctrico. Esto, repito, de joven, porque ahora es como Doña Rogelia con gafas de visión nocturna o el hermano gemelo de Ron Wood disfrazado de Johnny Thunders; un ejemplo viviente de la endogamia del Rock And Roll; el Super Skrull de los escenarios y la vida perdularia.

Especializado en abrir conciertos para sus amigotes, Johnny ha abierto los shows de gente como The Buzzcocks, Siouxsie and The Banshees, Elvis Costello (telonero residente en la gira "Armed forces") o New Order, entre otros donde ametralla al personal con sus poemas, de forma rápida y urgente, a capella (también se puede traducir todo esto como "a bocajarro" o "a cuchillo"). Durante los 80 no se le vió casi el pelo crepado porque estaba ocupado cabalgando el caballo llamado muerte (por ahí dicen que "luchando contra su adicción" pero yo creo que una década es mucha lucha para no hacer, de vez en cuando, algún paroncete para ponerte a gustito), volviendo en los 90 con esa carita que se le ha quedado para, básicamente, irse de gira con Joe Strummer & The Mescaleros o The Fall, habiéndose quitado de encima dos peligrosas adicciones: el jamaro y la bella (pero caótica) Nico. Y ahí sigue, con unas pintas de haberse escapado de la segunda temporada de Carnivale pero colaborando con luminarias del momento como los Artic Monkeys o apareciendo en películas como "Control" de Corjbin.
Mark E. Smith, de The FallVisualizen a Dominique Pinon haciendo de Popeye. Bien. Pues ese es Mark E. Smith. Lo preocupante es que también es de Salford (en adelante "Feocholandia"). El frotman y líder de los estupendos The Fall está curtido en mil batallas, lo que queda claro al contemplar su cutis, que es como un maletín de cuero repujado, y una boca digna de un Dómine Cabra ("
los dientes, le faltaban no sé cuantos, y pienso que por holgazanes y vagamundos se los habían desterrados") Mark es una de esas raras anti rockstars que, de vez en cuando, aparecen por los escenarios del mundo. Un teleñeco inquietante con mucha mala baba pero que ha adornado pocas carpetas adolescentes exceptuando la de alguna rara o alguna parafílica. Buenos discos pero merchandising inexistente porque a ver quién quiere llevar en el pecho semejante espantajo como no sea para espantar el mal fario o meter miedo a los vecinos.
Mark E. Smith, el único hombre con una fatwa interpuesta por al Asociación Nacional Británica de Odontólogos, no nos extraña que cite como influencias básicas a gente como H.P. Lovecraft o Philip K. Dick o Camus, gentes que tan bien han descrito el horror primordial, el caos, la enfermead mental y la angustia existencial en la que él se mueve como Pedro por su casa. Para ahondar aún más en lo anciano y malrrollista de ésta sección de hoy déjenme contarles que en 2004, mientras promocionaba el nuevo disco de The Fall (The Real New Fall) se partió la cadera como un yayo cualquiera negándose a cancelar la gira y llegando a actuar, medicado hasta las cejas, en una silla de ruedas lo que ya de por sí añadiría mal rollo a lo chungo (parafraseando a uno que yo me sé, como añadir cáncer al sida).
Kiss me, stupid